viernes, 11 de noviembre de 2011
La nada llena mi todo
¿ Cómo poder explicar lo que siento?
Despertarte de una mala noche de borrachera con la peor resaca. No
Pisar excremento de perro, descalzo. No
Es una herida que esta formándose desde hace algunos años, es un vacío, una llama que aveces se desborda. Puedo decir que después del tiempo transcurrido ya me he acostumbrado, quizás me crean si les digo cuando les digo que no hay lagrimas negadas de vez en cuando, tal vez sea cierto que ya lo he superado, tal vez.
Es algo que no puede decirse, ¿Qué pueden decirme? Palabras consolantes, algunas con cariño otras con indiferencia, como sea, ninguna será de ayuda.
Que raro sentimiento es aquel que está en futuro.
Se que no es normal extrañar a alguien que aun no se ha ido. Querer llorar cada vez que estas frente a ese cuerpo. ¡Cuanta dependencia! Puedo sobrevivir fácilmente de tantas personas, aunque las ame, me digo fuerte por no extrañar.
Ahora deseo un tabaco, quizás dos. Ahora necesito motivación, los motivos están enflaquecidos, agonizantes, agobiantes. Se que no puedo quedarme en cama, no bañarme,no besar, no abrazar, no sentir no comer, no dormir, no soñar, no respirar, no moverme, no vivir; pero cuanto lo añoro.
No son falsas mis risas, son reales mis ganas. Me imagino como un péndulo, la inercia me lleva a seguir, no quiero pero me dejo llevar.
El miedo esta en intervalos, pero vivirlo es constante
viernes, 28 de octubre de 2011
Nunca.
He visto muchas vaginas, ellas vienen y se postran ante mí, abren sus piernas sin siquiera insinuarme, quizás habrá muchos y muchas que me envidien.
Tuve mujeres: altas, morenas, delgadas, sin cintura, con piernas flácidas, rubias, con labios carnosos, con estrías, con varices, con moretones, tatuadas, velludas etc. Cada una con su encanto, cada una con preocupaciones. Sus vaginas revelaban más de lo que ellas quisieran admitir, cavernas individuales, húmedas, labiosas, algunas con lunares, con perforaciones, otras desarropas por un laser, la mayoría con una corona de vello que enmarcaba su lindo sexo.
La mayoría muestran vergüenza, se niegan a ser vistas tan descaradamente, yo les doy confianza y con manos cálidas les separo las piernas, me limpio con esmero, porque estaré dentro.
Hubo pocas experiencias malas; olores mezclados con mugre, sexos invadidos por los hongos, hinchados por el dolor, amoratados y sangrantes, pasadas relaciones violentas, quizás futuras. Cuando la caverna se abre, mi nariz recibía un golpe: feromonas la envuelven, piel oscurecida por la delicia, un aroma acido que recuerda que adentro hay más.
Nunca me imaginaría como lesbiana.
A lo largo de mi vida, hubo varias mujeres que me atrajeron, muchas, pero jamás me plantee y menos ahora.
Lo bueno no dura, al final la vista se cansa y las manos se vuelven rasposas entre tanta humedad. El olor que emanan ya me es indiferente… termino solo siendo labios grises y olor a pescado.
lunes, 24 de octubre de 2011
Fragmento ...
Le quito la ropa, no opone resistencia el hombre hediondo, es más, con una de sus manos busca entre mi cuerpo la entrepierna, ya con el pecho descubierto no resisto deslizar mi lengua en medio de su pecho, mi saliva deja una marca de pequeñas chispas plateadas, marca mi camino a seguir .Ya encima del él, sintiendo su sexo fuerte, apretando mis nalgas, uno mis manos alrededor de la boquilla [De la botella de ron], levanto mis brazos lo más alto que puedo, abro al máximo mis parpados y con un movimiento vehemente, clavo en medio de su pecho y lo giro, los ojos del vagabundo se abren sorprendidos, su boca muestra unos dientes amarillentos, repito la acción una, dos, cinco, nueve, mi rostro se empapa de sangre fresca, diez, trece, quince, el tipo se deja de mover , veo como su mirada se torna opaca y dura, sigo clavando, deseosa de escuchar sus costillas romper ¡Crash! Como aquel día en el salón de clases, como aquel día en el campamento, donde ame por primera vez un cuerpo, donde vi ese pequeño corazón desistir de latir.
domingo, 23 de octubre de 2011
Un viente.
Las pedas son cada vez más caras y las crudas largas,
la gente se vuelve aburrida, las miradas lujuriosas ya no tienen efecto.
Los cigarrillos son ceniza, su humo quema los ojos.
Notas musicales monótonas, mis tímpanos se secaron.
Poca locura, más conciencia, falsedad, desinterés.
Murmullos, lenguas en "V", piel escamosa.
¿Cambio? que va, esto es lo mismo,
Solo que mucho, mucho más retorcido.
Una película porno pero con poco presupuesto.
Sabanas mullidas, siempre vacías.
Cuerpos juntos, solo que fríos.
La soledad pesa, el tiempo llega.
Shhhhh.
la gente se vuelve aburrida, las miradas lujuriosas ya no tienen efecto.
Los cigarrillos son ceniza, su humo quema los ojos.
Notas musicales monótonas, mis tímpanos se secaron.
Poca locura, más conciencia, falsedad, desinterés.
Murmullos, lenguas en "V", piel escamosa.
¿Cambio? que va, esto es lo mismo,
Solo que mucho, mucho más retorcido.
Una película porno pero con poco presupuesto.
Sabanas mullidas, siempre vacías.
Cuerpos juntos, solo que fríos.
La soledad pesa, el tiempo llega.
Shhhhh.
domingo, 16 de octubre de 2011
Lucía en el país de los "mireyes"
No hubo motivación o interés. Fue el conejo blanco el que me empujaba a su agujero, una mancha oscura en la ciudad...$95 de cover para entrar.
Había muchos frascos de vidrio que decían bebeme pero en diferentes presentaciones: " Vodka" Whisky" "Tequila" y "Ron" servidos por un sombrerero loco amarrado a un mandil con la marca de una cervecería y un chaleco negro brilloso.
El gato rison transformado en burdas pantallas de plasma, sus dientes fueron modificados como tipografía rosada con un mensaje que se repetía en cada pantalla "ale: eres lo mejor para mi, te amo un CH. atte Jorge" diferentes nombres, misma meta.
Pequeñas luces llenan mi cuerpo, puntos que blancos y rojos, soy la rosa a la que pequeños naipes luchan por pintar. De una maquina sale humo que huele a ficción, pequeños monstruos semejantes a los momerats mataron al caballito mecedora y a las mariposas panque, son el ingrediente secreto de las "perlas nergas"
No llevo puesto un vestido azul, se transformo en un entallado vestido negro, improvisado como playera, mi cabello no es rubio tanto refresco de cola caduco me cambio el color.
Se escucha un "cortenle la cabeza" a lo lejos, es la reina de corazones en la entrada, fue rebajada a cadenera por la corte del rey.
En vez de un hongo que me haga crecer, hay un vaso con Captain Morgan mal servido, una pequeña oruga se aleja del área de fumadores para preguntarme: ¿Quién eres tú?
Mis labios titubeantes responden: no lo sé
Veo al conejo blanco, con una camisa desabotonada mostrando un rosario de madera; en una mano el reloj marca la una de la mañana, esta junto a mi bailando al ritmo de los bits de una mezcla de alguna canción de "Empire of the sun". Baila, me tira el trago en el pecho se acerca para besarme pero antes gesticula: Eres mi lobuki.
Despierto, hay una marca en mi brazo derecho con las iniciales M. R. Ojala no vuelva a ese lugar.
Había muchos frascos de vidrio que decían bebeme pero en diferentes presentaciones: " Vodka" Whisky" "Tequila" y "Ron" servidos por un sombrerero loco amarrado a un mandil con la marca de una cervecería y un chaleco negro brilloso.
El gato rison transformado en burdas pantallas de plasma, sus dientes fueron modificados como tipografía rosada con un mensaje que se repetía en cada pantalla "ale: eres lo mejor para mi, te amo un CH. atte Jorge" diferentes nombres, misma meta.
Pequeñas luces llenan mi cuerpo, puntos que blancos y rojos, soy la rosa a la que pequeños naipes luchan por pintar. De una maquina sale humo que huele a ficción, pequeños monstruos semejantes a los momerats mataron al caballito mecedora y a las mariposas panque, son el ingrediente secreto de las "perlas nergas"
No llevo puesto un vestido azul, se transformo en un entallado vestido negro, improvisado como playera, mi cabello no es rubio tanto refresco de cola caduco me cambio el color.
Se escucha un "cortenle la cabeza" a lo lejos, es la reina de corazones en la entrada, fue rebajada a cadenera por la corte del rey.
En vez de un hongo que me haga crecer, hay un vaso con Captain Morgan mal servido, una pequeña oruga se aleja del área de fumadores para preguntarme: ¿Quién eres tú?
Mis labios titubeantes responden: no lo sé
Veo al conejo blanco, con una camisa desabotonada mostrando un rosario de madera; en una mano el reloj marca la una de la mañana, esta junto a mi bailando al ritmo de los bits de una mezcla de alguna canción de "Empire of the sun". Baila, me tira el trago en el pecho se acerca para besarme pero antes gesticula: Eres mi lobuki.
Despierto, hay una marca en mi brazo derecho con las iniciales M. R. Ojala no vuelva a ese lugar.
lunes, 3 de octubre de 2011
Miedo, yo no puedo.
Odio sentir tu amor, me mueve, me cambia.
Te quiero.... pero, pero, pero... siempre un pero.
¿Hay que correr el riesgo?
No tengo miedo por mi, si no por ti.
Ya no quiero más puntos suspensivos en nuestra historia.
Te quiero, pero tu más y ese es el problema, tu querer se desborda, de eso no puede vivir una pareja, de eso no se trata, es una felicidad falsa, aunque sea los los mejores segundos. Hay energía pero es negativa.
Me gusta meter tus ojos en mis cuencas y verme, lo amo, lo deseo, pero te entrego unos ojos gastados, llenos de sangre, te dejo ciego, perdón ya no más.
Quiero tu sonrisa, no ver mi nombre entre tus dientes.
Amo como me proyectas, como me tocas, solo que no me gusta como soy cuando estoy a tu lado, me vuelvo un ser despreciable, egoísta y mundano. No serás un fantasma, ya comienzas a morir, no quiero más culpas.
No soy tu persona.
Te quiero.... pero, pero, pero... siempre un pero.
¿Hay que correr el riesgo?
No tengo miedo por mi, si no por ti.
Ya no quiero más puntos suspensivos en nuestra historia.
Te quiero, pero tu más y ese es el problema, tu querer se desborda, de eso no puede vivir una pareja, de eso no se trata, es una felicidad falsa, aunque sea los los mejores segundos. Hay energía pero es negativa.
Me gusta meter tus ojos en mis cuencas y verme, lo amo, lo deseo, pero te entrego unos ojos gastados, llenos de sangre, te dejo ciego, perdón ya no más.
Quiero tu sonrisa, no ver mi nombre entre tus dientes.
Amo como me proyectas, como me tocas, solo que no me gusta como soy cuando estoy a tu lado, me vuelvo un ser despreciable, egoísta y mundano. No serás un fantasma, ya comienzas a morir, no quiero más culpas.
No soy tu persona.
jueves, 29 de septiembre de 2011
La muerte es para los vivos
No me gusta sobre-vivir de recuerdos, no me gusta llorar en las noches por fantasmas del pasado.Soy de las que se queda callada y no duerme por las noches, cada minuto es una lagrima guardada.
Salir de mi casa aveces me cuesta trabajo, quisiera detener el tiempo, pero a el no le importa lo que piense, sigue y con cada minuto transcurrido, agradezco que mi deseo no sea cumplido.
Que buen sexo me hubiera perdido, ver mis dientes pudriéndose por cada cigarrillo consumido es un placer que no me cansaría de admirar.
No sé bailar, contonearme sin ritmo es lo que mejor se hacer.
-¡Hola!- le dije con armonía al oído.
-Eres mía, digas lo que digas- asevero apretándome la cintura.
-Lo seré, pero ahora déjame engañarte-
-Anda, ve libre, aquí te espero... termina de jugar-
...
Deje mis labios marcados en su tarso pómulo izquierdo.
-Tengo poco tiempo, asómate a mi entrepierna... ¿Como dices que te llamas?
-Hades...
Salir de mi casa aveces me cuesta trabajo, quisiera detener el tiempo, pero a el no le importa lo que piense, sigue y con cada minuto transcurrido, agradezco que mi deseo no sea cumplido.
Que buen sexo me hubiera perdido, ver mis dientes pudriéndose por cada cigarrillo consumido es un placer que no me cansaría de admirar.
No sé bailar, contonearme sin ritmo es lo que mejor se hacer.
-¡Hola!- le dije con armonía al oído.
-Eres mía, digas lo que digas- asevero apretándome la cintura.
-Lo seré, pero ahora déjame engañarte-
-Anda, ve libre, aquí te espero... termina de jugar-
...
Deje mis labios marcados en su tarso pómulo izquierdo.
-Tengo poco tiempo, asómate a mi entrepierna... ¿Como dices que te llamas?
-Hades...
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Lucio/Lucía
Es un prenombre romano, muy frecuente en la época clásica, sobre todo en su forma masculina (Lucio). Está emparentado con la palabra latina lucem, que significa luz y que instintivamente relacionamos con el verbo lucir.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Triple siete (parte 1)
Entre pasillos bien alumbrados, pisos alfombrados con formas geométricas de color rojo en fondo beige, ante la puerta de mi habitación frente al número doscientos quince, donde el dorado había perdido brillo, ahí, saque el arma.
Hace dos semanas agarre mi destartalado automóvil, en dirección a… algún lugar. Empaque botellas de alcohol, cerca de veinticinco cajetillas de cigarrillos, dos cajas de aspirinas y una sombrilla, quizás llueva.
Manejaba borracho, dormía entre vomito, mi cuerpo temblaba cada mañana, en el quinto día aparque el armatoste en una fonda de paso, una camarera grasosa con mucho maquillaje se acerco con una sonrisa llena de asco, antes de atenderme, me advirtió que no recibiría la orden hasta demostrarle que tenia capital para consumir, de mi billetera tire un cien al adoquinado…
Toda la comida me supo a vomito rancio, pero el café logro despertarme, sin darme cuenta hablaba con un hombre, o bueno, el hablaba conmigo.
Mis dedos sostenían un tabaco, el humo lastimaba mis ojos, pero solo así, podía mantenerme sentado sin vomitar. Quería irme, el hombre balbuceaba, su aliento era peor que el mío, vestía un traje barato color verde, era viejo, había varías manchas en su pantalón, este le quedaba tan zancón que podía ver sus calcetines negros con rombos blancos, llevaba una camisa amarillenta y una cruz de plata alrededor de su cuello; unas grandes entradas intentando ocultarse tras cabello prestado, su gran papada se columpiaba al final de cada frase. No prestaba cuidado a lo que hablaba, pero gozaba observar la mancha oscura en su incisivo izquierdo, pasado algún tiempo, cerró la boca, sentí su mirada esperando una respuesta a una pregunta sorda.
-¿Qué dices mano?
-Ammmm…- Me sentía tan desubicado, preste tan poca atención, que apenas reconocí el tono de su voz, asentí dudoso con la cabeza.
-Vientos, ¿Salimos ahora? Nos iremos en mi camioneta, deja tu chatarra o no te dejaran entrar, me llamo Gastón, ¿Tu eres?...
Me siguió hasta el auto, ayudo con mi maleta, antes de dejar las llaves puestas revise minuciosamente entre la suciedad: encontré varias monedas, fotografías rotas, botellas, latas, tres destapadores y dos encendedores, abrí el maletero, saque mi Walther 22 y una pequeña maleta, con todos mis papeles.
Gastón me esperaba, ya sentado en su silverado color plata, camine lento, justo con el sol saliendo a mi espalda, me di cuenta de que quizás lo que esté haciendo sea un error, pero no tenía mejor lugar a donde ir, al menos el tiene un plan, al menos si muero, no será a manos de un completo desconocido.
El camino fue tortuoso, al menos para mí, la cruda se negaba a pasar, ni siquiera después de media caja de aspirinas, Gastón encendió la radio y no dejo de cantar country, me conto que vivió quince años en Texas, se fue de mojado a los veintidós, dejando a su mujer en el estado de México con dos hijas, al llegar a los Estados Unidos, olvido por completo el poco amor que le tuvo, encontró fácilmente un trabajo, el cual le daba tiempo suficiente para embriagarse cuatro días a la semana, consiguió la nacionalidad casándose con “Linda” una señora viuda de los suburbios, estuvo con ella casi tres años, hasta que murió, gracias a esa relación tuvo varias amistades, con los que aun tiene contacto.
-Como te decía, vamos al casino de un amigo, está cerca de la frontera, falta poco, pero antes iremos a un motel, a que te des una ducha y compres algo de ropa, con esa pinta no pasaras del portón y a mí me pondrán en la lista negra por traer a alguien sin dinero -Gastón detuvo la camioneta y apago la radio, su mirada era dura… -por cierto, ¿Tienes efectivo?
-Sí, tengo algunos ahorros en mi maletín, los de toda mi vida.
Sin decir más estuvimos doce horas en carretera, nos quedamos en el motel “Quinta Inn”, pasamos ahí la noche, en la mañana buscamos una tienda de ropa; compre algunas playeras, calcetines, ropa interior y un pantalón de pana café. Hablamos poco, cuando preguntaba por mi historia, me limitaba decir – es largo de explicar-.
Estábamos cerca de la frontera, cuando le mencione que no contaba con visa, a lo cual Gastón soltó una gran carcajada, a los pocos metros se desvió hacia la izquierda, un camino que levantaba considerable cantidad de tierra, así durante una hora, a lo lejos se veía un edificio alargado color blanco, el sol le daba un brillo extraño, en medio del desierto, llegue a pensar que era un espejismo muy elaborado.
Casi en la entrada dos hombres nos impidieron el paso, Gastón mostro una tarjeta que tenía en el maletero, preguntaron quien era yo, a lo que Gastón respondió - Un amigo, es de confianza-.
Entramos, después de un pequeño jardín estaba la recepción, Gastón pidió dos habitaciones “como las de siempre”, estaba algo confundido pero preferí dejarme llevar. Tenía la habitación doscientos quince, ahí el tipo del traje barato se separo de mí, antes de entrar al elevador me grito: -Nos vemos en el casino-, haciendo un ademan de despedida con la mano, sin siquiera verme.
Vi mi llave en la mesa de la recepción y aun botones con mi maleta. Ya en el segundo piso, había dos pasillos alargados, el botones me indico a la derecha, lo seguí mientras observaba las imitaciones de pinturas famosas que estaban en las paredes, me hicieron entrar en recuerdos que intentaba evitar desde la semana pasada, lo cual me hizo chocar con el adolecente, vire mi rostro hacia la derecha y ahí estaba el número doscientos quince en letras doradas, introduje la llave, una brisa seca llego de golpe a mis pulmones.
Dormí casi todo el día, pase muchos días durmiendo en mi carcacha roja, la cama del motel era dura y de olores raros, después de tanto tiempo, pude dormir en una buena cama. No desperté hasta el día siguiente y no me levante más que para pedir comida al cuarto en dos días más. En el tercero, a las seis estaba ya en la puerta del casino, con los bolsos llenos de cambio.
martes, 30 de agosto de 2011
Piel colgando
Las ganas que siento por hacerlo, justo en este momento, son insoportables. Desde el primer paso: escoger mi objeto de deseo, mi cuerpo me empuja, pidiendo saciar las ganas que en ocasiones quema.
Son magníficos, son, son los indicados, me sudan las manos, mis ojos no pueden creerlo, se ven bien en esa cafetería, ¡Dios! Me tiembla la boca, quisiera acercarme, poder oler de cerca la perfección, bueno casi, les sobra algo… ¡JA, que importa!, eso es fácil de cambiar.
Eran radiantes, inocentes, pero enseñaban suficientes para hacerme voltear, sus movimientos eran sugerentes, el contorno, el color de su piel aumentaban mis ansias, lo que más quería era tenerlos ante mí, tocarlos poco a poco, disfrutarlos sobre mi cama, recostarme entre ellos, soñar que nunca se irían.
Al salir me voy al De otro lado de la acera, los sigo a casa, no pensé caminar tanto, aunque el tiempo era ideal: el viento refrescaba mi rostro, había suficientes nubes para que el sol no cayera de forma brutal sobre mi cuerpo.
Cuarenta y cinco minutos después se detuvieron, frente a una casa descolorida, vieja, el número apenas se distinguía, algunas plantas invadieron las paredes, no digna para ese par. De tras de un “bochito” amarillo recargo mi cuerpo para admíralos, estáticos, mientras se abre la puerta, después de unos segundos entran sin sospechar que hay alguien, detrás de ellos que los esperaría, justo en ese lugar para poder poseerlos, arrancarlos… someterlos.
Al término de la cuarta semana, me sabía de memoria su rutina: la luz se prendía de lunes a viernes a las 5:45 de la mañana, se abría la puerta a las 6:30 puntual, viajaban en automóvil, en dirección a unas oficinas del centro, donde estaban ocho horas y media, los martes iban al supermercado, los miércoles se reunían en un restaurante con otros, los jueves sin falta corrían al banco para cobrar, los viernes llegaban tarde a casa, tambaleándose, en zigzag, chocaban contra el piso y se quedan frente a la puerta de su casa, lastimando su piel. Esos días eran los más difíciles, algunas lágrimas se escapaban, quería ayudarlos, pero en esos momentos no era posible acercarme tanto a ellos. Los fines de semana no salían, la casa estaba vacía y silenciosa, oportuna.
A los tres días de vivir en al intemperie logre rentar la casa de enfrente, mude algunas de mis cosas, lo básico para vivir, compre unos binoculares y un buen sillón que coloque en la ventana del segundo piso. Ya iniciada la segunda semana mis suministros financieros dejaron de existir, tuve que ir de nuevo a trabajar y solo los fines de semana estaban por completo dedicados a observarlos.
En el transcurso de la tercera semana decidí que era necesario un cambio, necesitaba que fueran míos por fin, era lo justo,tenía que planear como entrar a la casa. No parecía difícil, los domingos eran descuidados, dejaban la puerta abierta, me gustaba pensar que lo hacían apropósito, me lanzaban una invitación tímida, sé que me miraban todos los días, antes de subirse al auto, los martes entre los pasillos blancos y lustrosos del supermercado pasaba cerca de ellos, me reconocían, sienten lo mismo por mí, pero la vergüenza que tanto me atraía les impedía acercarse. Les facilitaría las cosas.
Tarde bastante, quería asegurarme de que cuando decidiera entrar, estarían cómodos, bajo ninguna distracción, que pudieran recibirme y consumar el deseo que hay entre nosotros, llevarlos a nuestro hogar donde les daría todo, en donde hay más seres hermosos como ellos, no estarían más sometidos a mediocridades de la clase común, serían felices…conmigo.
Eran la doce de la mañana, un domingo frío, pero que el sol prometía calentar a lo largo de su jornada. Salí de la casa rentada, camine por el jardín seco de tonos amarillentos, mi corazón estaba demasiado alerta, mis ojos no apartaban la vista de aquella puerta entre abierta, no puse atención alo claxon que de manera violenta intentaba decir –quítate - pero no podía, quería alargar ese momento de excitación, entre cada paso, imaginaba que haría primero al tenerlos frente a mi; besarlos, en las puntas de su cuerpo, lamer sus curvas, sentir con las yemas cada parte oculta.
Ya frente a la casa, con la mano izquierda en la perilla, me paralice. Los nervios bullían por mi organismo, sentía un leve hormigueo en mis labios, mi lengua y mi tráquea, mi cerebro me repetía que debía tener cautela, en las casi seis semanas que estuve observando, sabía que en esta calle mucha gente pasa y sospecharían de alguien parado en la puerta por tanto tiempo ¡Vamos, reacciona! Estuve así por largos minutos, con una batalla interna, hasta que un ruido dentro de la casa me empuja a mover la mano, sostener con fuerza la perilla y empujar rápidamente, aumentando el rechinido de la puerta hecha de madera vieja y húmeda.
Como supuse desde el principio, la casa era ordinaria, cada espacio, cada mueble, cada cuadro reflejaban la nada de una sociedad parasitaria y brutal, me dio asco el panorama, olía a comida enlatada, a rosas semi-marchitas, un dulzor que lleno mi sistema. Busque rápido las escaleras, intente no tocar nada y respirar poco, después del rescate, tomaré una ducha.
Por la posición del foco que se alumbraba todos las mañanas, sabía perfectamente cuál era el cuarto que tenía que abrir, la luz que entraba por la ventana, salía tenuemente por el espacio entre la puerta y el piso, sabía que ahí estaban, esperándome.
Entrar a ese cuarto, fue un fuerte golpe a todo lo que pensaba civilizado, zapatos por todo el piso, arrumbados en las esquinas, llenos de polvo, tierra, excremento canino en la suela. Por momentos sentí ganas de desmayarme, pero la furia borro ese sentimiento, baje a la cocina, rápidamente busque un limpiador, subí de nuevo y con una de las sabanas arrugadas de la cama me dispuse a limpiar cada zapato, tenis, botas, huarache o chancla de baño que encontré, el limpiador se acabo y las sabanas eran de tan mala calidad que rayaron algunos zapatos, quien durmiera aquí, era una bestia.
Comencé a ver la habitación, el color perla que tenían las paredes era ideal para colgar cada zapato en el lugar que merecían. Quite todos los cuadros, fui de par en par o de uno en uno, los que estaban rotos los deje en el piso alineados a la puesta de sol. Busque martillo y clavos, moví todos los muebles al centro de la habitación, abrí las ventanas para que la realidad pudiera envidiar mi creación.
Sostuve por segunda vez cada uno, los observe con detenimiento, amarre sus agujetas, busque arriba, abajo, izquierda o derecha, hasta poder encontrar el sitio donde pudieran mostrar lo bello que pueden llegar a ser, olvide por varias horas la razón para pisar esa casa maloliente y banal, hasta que, dentro de los últimos pares, los encontré. Eran color negro, la lengüeta era brillosa al igual que la punta, la pala tenía un acabado de pequeños puntos y su collarín era de un color amoratado, estaban manchados y polveados, no me inquieto, con lo que tengo en casa se le quitara rápidamente, la entre suela era elegante, una ajustador cuadrado y plateado brillaba a un lado, contaba con un pequeño tacón, que le daba una altura perfecta, no eran pretensiosos. Busque la maleta que traje conmigo, la encontré en medio de las vulgares cosas de esa casa, la limpie con esmero, saque el metro de seda color escarlata, que había comprado desde la primer semana para aquel par que me embriagaba, en cada fantasía y que ahora se hacía realidad. Los tome, envolví y guarde con premura, no quería que estuvieran más en aquel lugar; antes de irme, saque mi cámara y tome fotos del techo, de cada pared y cuadro en el piso, al último una paronímica. Quizás no eran los mejores zapatos, quizás las paredes estaban perdido el brillo, pero la composición era por demás brillante.
Camine, con tranquilidad por la habitación, vi la hora en el reloj de la muñeca, aun tenía tiempo, pero comencé a sentir esa incomodidad inicial, ese mareo de olores nefastos, así que decidí salir. Ya en la calle apure el paso y después de unos kilómetros, decidí con mucho esfuerzo tomar un taxi, me sudaban las manos, hace más de cinco años que no tomaba uno, son sucios.
lunes, 22 de agosto de 2011
La ruta diaria
Mi día comienza de la peor manera; despertándome. Una alarma asusta los mejores sueños, por unos instantes me niego a levantarme, pero, un pensamiento choca con mi berrinche – El tiempo no perdona ¡Llegaras tarde!-.
Me baño entre fríos y somnolencia, de la misma forma desayuno, si es que me da tiempo. El arreglo es sencillo, pero mis movimientos lentos hacen que al menos me tarde media hora, las normas sociales en ocasiones me obligan a pensar demasiado en mi aspecto, si, lo admito, soy una persona superficial ¿Quién no? Veo la hora… ¡Rayos!, siempre saldré tarde de mi casa.
La suerte por ahora esta de mi lado, las obras de la línea doce desvían los camiones ya sea hacía Tasqueña o hacia Zapata, aunque en esta ciudad, tengo que dejar pasar dos o tres, me niego ir como mosca en el pesero. Hace mucho perdí la esperanza de ir sentada desde el principio, recibo pisotones, empujones o arrimones contacto humano del que a pocas personas les causa entusiasmo. La mayoría de los conductores manejan como si tuvieran bultos sin vida, ni modo, no le dices nada, después de todo tiene tu vida en sus manos. Logro sentarme al tercer intento, señoras gandayas llenas de maña me arrebatan cualquier opción. Ya con mis posaderas descansando hay tres opciones: dormir, leer o mirar por la ventana y ensimismarme.
En la mayoría de las ocasiones uso la ruta que va a tasqueña, bajo en el paradero norte, es hora de caminar; pasar entre gritos de vendedores ambulantes, entrar al metro, subir escaleras (eléctricas claro), traspasar un puente hecho de carne humana, olor a comida plastificada, volver al frío aunque la gente no acabe.
Ya en el paradero sur, agradezco que el camión a C.U. sea el segundo, pago mis tres cincuenta o cuatro pesos (según el tipo de armatoste móvil) Busco el mejor lugar, abro mi mochila, busco las copias/libro para la tarea más reciente, como casi el noventa por ciento de la gente que está en ese camión, dejo de escuchar el exterior, hasta medio camino o si va muy lento, despego mis ojos de la composición monocromática con forma rectangular, llego la hora de divagar o volver a dormir.
El camión me deja cerca de la facultad, si tengo que imprimir, hago escala en el internet más barato, como sucederá este lunes, si no, comienza de nuevo la caminata; primero para entrar a ciudad universitaria, después para llegar a filosofía y letras, me siento a gusto; a mi alrededor hay mucha gente que camina rápido o corre por la misma razón que yo. A veces me compro un cigarrillo o un jugo, a veces me voy por las islas, aunque el sol comience a quemar mi espalda, de cualquier manera, voy tarde, así que prefiero disfrutar la vista y mirar el cielo.
Entro a la facultad, el olor a café y tabaco llena mi sistema respiratorio, mi mente comienza a buscar el archivo donde se encuentra el número del salón en turno, me siento perdida por algunos segundos ¡Pufff! Lo encontré, miro por el reducido rectángulo tranparente de la puerta azul, jalo la perilla, si no hay empujo la puerta y…
domingo, 21 de agosto de 2011
El cuarto de un cualquiera
Vivo en un gran cubo lleno de polvo, diría que es blanco pero la pintura ya está algo gastada. Unas grandes cortinas cubren el quemante sol, aunque al calor le es fácil entrar.
La cama es individual, pero pueden entrar perfectamente dos cuerpos, odio tender la cama y en las épocas de calor me duermo con una ligera sabana sobre la cama tendida. Duermo poco y solo de noche, muy de noche. En las tardes me ayuda a pensar estar acostada, mirando al techo moteado, jugueteando con las manchas extrañas que hay en mi retina.
Me gusta tener varias almohadas: para leer, para dormir, para abrazar, para taparme del sol y no despertarme hasta entrado el día. No cambio muy seguido las sabanas, es más por flojera que por suciedad. Tengo dos colchones uno muy duro, el otro es extremadamente suave; solos no sirven más que para que se queden por lo menos cuatro amigos en las pachangas que suelo hacer en mi casa, pero juntos esos dos colchones hacen la cama perfecta. Tengo un sillón-cama, según para poder leer más a gusto, pero siempre termino durmiéndome.
Usualmente me tardo en dormir, no importa cuántas ovejas cuente, siempre término más despierta, por que las sabanas de pronto me pican, escucho los ruidos de la calle o mi subconsciente crea ruidos, sombras, temores y ansiedades contenidas en el frasco de lo cotidiano se destapa y las dispara llenando el cuarto. Ya no sé si es real, o en un momento pasare a una pesadilla espantosa. Siempre estoy demasiado despierta para descansar y muy dormida para responder o disfrutar.
Mi cama se encuentra pegada a la puerta y siempre hay la suficiente luz para despertarme, pero esta la solución en voltearme a la segura y oscura pared; amo dormir de lado y justo en medio de mi cama.
lunes, 1 de agosto de 2011
Hola, me llamo _____.
No soy blanca, ni afrodescendiente, ni indígena o asiática, podría entrar en la categoría de mestiza. No creo en el islam o budismo, aunque crecí en un seno católico, Dios me vale un pito. Los cristianos me dan dolor de cabeza y otras sectas, me dan miedo.
No le voy al América o a las chivas, ver a once jugadores persiguiendo a un balón no produce en mi gran euforia. Tampoco el baloncesto ni una carrera de cien metros; aunque disfruto las carreras en hielo, ese mover de glúteos me hipnotiza.
Me aburren las películas de acción y las de terror me da risa; los melodramas pueden hacerme enternecer y si hay mucha violencia, no puedo cerrar los ojos. Si estoy en mi casa, no me gustan que las películas tengan comerciales y en el cine extraño el medio tiempo.
A veces trago, como si no hubiera un mañana: odio el pimiento, el apio y la pancita. Por lo único que voy a algunas reuniones familiares, es por la comida ¿Algunas? Hay olores que me recuerdan a mi infancia, como el de quemado, mi hermana hacía al principio mal de comer. El pan puede ser mi perdición o la única opción de alimentación en una casa desprovista de más comida.
No me agrada limpiar mi casa, pero hasta yo tengo un límite en el caos. No me baño, a menos que salga y si de mí dependiera, no me cepillaría el cabello. Me obsesiono con las manos limpias y con la suavidad de las mismas, quizás no sean muy hábiles, pero acariciarlas con mis labios, podría ser mi peor obsesión.
Detesto las matemáticas, pero el número 8 es mi preferido. Quisiera entender el tiempo, pero no medirlo. Tengo alma de humanista, pero estomago de científico. Las ingenierías me son inútiles, aunque sé que sin ellas no viviría llena de comodidades.
La música me llena, pero no se ni un maldito acorde, a veces pienso mi vida como una ópera, la gorda aun no sale a cantar, que siga la función.
No me gusta el sexo tan explicito, pero creo ser sádica, el dolor puede llevarme a encontrar un placer extraño, me llena ver el dolor de mi pareja, no excesos claro. No discrimino entre hombre o mujer, pero si lo hago ya en los detalles de cada persona. El orgasmo entra de muchas maneras, aun busco el que sea en espiral.
No soy moralista o eso intento al menos, no sé bailar, no me gustan los antros, ni el ruido excesivo, no canto bien, no pinto bien y escribir, sé que puedo hacerlo mejor.
No soy alcohólica, pero me encanta el tabaco, no soy flexible, pero puedo moverme lo suficiente; no soy corrupta, pero digo muchas mentiras.
Me han amado, pero ahora me pregunto si yo un día lo haré.
No sé quién soy, pero sé que no soy.
lunes, 11 de julio de 2011
Sobrevivir en un hospital, en sencillos pasos.
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Estos consejos que si ami me los hubieran dado, no hubiera pasado por tantos problemas.
1°Sonríe
Se que bajo las circunstancias por las que estas, tu humor no será el mejor y con razón, aquí hay de dos sopas: o te portas lo más mamón(a) y con prisa (si gritas un poco, que mejor) o muéstrate amigable, aunque por dentro les estés mentando la madre, al final el personal del hospital controla tu estancia y podrían salvarte y ayudarte en muchas circunstancias.
2° Los azules
Te enfrentaras en todos los rincones del tedioso hospital a seres negligentes, sexistas, sedientos de poder con uniforme azul, muchas veces frustrados y con baja autoestima.
En la entrada te pedirán identificación y de preferencia no lleves una mochila bultosa, si no quieres que metan mano en tus cosas personales. Hazles pensar que importa lo que te dicen. Si te dicen algún chistorete del mal gusto, al menos volteaos a ver, dales el avión lo más que puedas.
Esto es en la mayoría de los casos, también me tope con buenos seres humanos que son eficientes y comprensivos, pero lamentablemente son muy contados.
3° Pregunta y di gracias
Es evidente que no sabes donde esta tal o cual cosa, es crucial preguntar de manera correcta, por que en la mayoría de los casos el personal no te sabrá responder del todo o su respuesta será seca y algo arrogante, si esto es así los familiares (que un día estuvieron igual de perdidos que tu) te sabrán orientar mucho mucho mejor, elije a las mujeres, muy "doñas" y metiches, ellas serán amables e incluso te dirán más de los que necesitas, si esto pasa sonríe y compórtate como si tuvieras mucha prisa y por más que digan o hagan algo estúpido, más si tienes una actitud ácida como la mía, piensa en el punto uno o te darán datos erróneos y terminaras aun más perdido, créanme esto pasa.
Agradecer es muy importante, como ya dije hay mucho idiota en el hospital, pero también son personas y que su comportamiento es, usualmente, por que están igual de jodidamente hartos que tu, si fijes una actitud positiva y además dices gracias, las puertas de la amabilidad burocrática se abrirán para ti, llegaras más rápido a todos lados y te ahorraras corajes innecesarios para ver a tu familiar o amigo.
4° Introducir cosas prohibidas
Relanjense, no les estoy diciendo acerca de bombas o dildos. En la gran mayoría de los hospitales hay algunas cosas prohibidas ya sea comida ( hablo en estricto para el uso del familiar) o cuestiones que tu paciente necesita y que las enfermeras se rehúsan a que introduzcas, pero que una vez dentro no pueden decir nada: libros, almohadas, aparatos electrónicos,etc. Lleva una mochila pequeña e introduce las cosas poco a poco. Mantén un rostro calmado por que mucho personal huele la culpa e inmediatamente soltaran la frase: Haber joven tengo que revisar la maleta. Y ya te jodiste si eso pasa, aunque si te comportas agresivo en algunas ocasiones sorprendes a aquellos personajes hartantes y lograras introducir lo que quieras, pero esto se aplica solo una vez en emergencias grandes, por que si lo haces todo el tiempo, te ganaras el odio de tooooodo el persona.
5° Maña
Como en todo, la burocracia tiene muchos agujeros negros, muchos conocidos que ya se la "sabritas" en estas cosas lograron hacer lo que quisieron en el hospital.
Inspecciona el hospital cuales son las entras, siempre hay una solitaria y con policías despistados y distraídos, si intentas introducir amigos para acerté compañía, hay opciones para poder infiltrarlos busca horarios, has investigación de campo, de nuevo las ñoras que están ansiosas de chismear serán tu mejor arma para conocer de lleno las posibilidades de engañar.
No diré mucho sobre este punto, por que cada lugar es diferente y no quisiera dar malos consejos, pueden complicar aun más e incluso hacer que se te prohíba la entrada, pero en esto influye la actitud y la habilidad de aquellos timadores.
6°Machos
Esto va mucho más hacia las mujeres. Dentro del hospital hay demasiados hombres que te verán como objeto sexual y que no dudaran en demostrártelo si puedes utilízalos, pero nunca, nunca les sigas el juego o tendrás sobre ti a seres despreciables, si esto pasa, no dudes en decirle todo lo que piensas, huy y que mejor frente a muchas personas, todos los que están en el hospital tienen una empatía poco usual, llegando a ser incomoda, pero en este caso te sacaras de encima a un idiota y de paso lo humillaras de manera publica, dejándolo casi cagándose de vergüenza, sonríe en ese momento y disfrútalo.
7° Entretenimiento
Se que será difícil pero tienes que llevar algo en que distraerte, si tienes que esperar o si te tienes que quedar toda la noche, un libro, un cuaderno y pluma, aquí aplica el clásico sudokú, crucigramas etc. Con tu paciente pues platicaras con el, pero si tienes que quedarte mucho tiempo tendrás que tener otras opciones, ahora con la tecnología los celulares realmente son una salvación, pero lleva tu cargador o acabaras frustrado e incomunicado.Si tienes que esperar y no necesitas estar en un área especifica, busca al rededor del hospital, usualmente encontraras algún lugar escondido, alejado o al aire libre donde podrás descansar de todo y de todos.
No se a ustedes pero puedo llegar a enloquecer entre multitudes.
sábado, 14 de mayo de 2011
La chica en doble pupila. parte 1
Mis parpados lagañados se separan, la luz se expande hasta llegar como pulsaciones eléctricas a mi cerebro, que man las pesadillas y rumores... despierto.
Las extremidades se niegan a moverse, ellos aun sueñan, por algunos momentos me limito a ver el techo viejo techo blanco ensombrecido por la luz natural, dudo estar despierta.
Los tímpanos comienzan a vibrar al ritmo marcial del exterior, acaricio mi rostro para quitarme la mascara nocturna, me levanto poco a poco.
Un leve dolor de cabeza esta presente desde hace algunos días, todo buen humor termina por consumirse entre la incomodidad de los ácaros caídos.
Camino hacia el baño, la perilla esta fría, sin el uso habitual, las cosas y los cuerpos se pierden. Un olor ácido me recuerda que mi hermano llego tarde anoche, enciendo la luz, innecesaria pero precisa.
Observo mi rostro dimensionado a la inversa, mi cerebro sucumbe ante la idea, que ese el reflejo me pertenece; abro la llave...
Las extremidades se niegan a moverse, ellos aun sueñan, por algunos momentos me limito a ver el techo viejo techo blanco ensombrecido por la luz natural, dudo estar despierta.
Los tímpanos comienzan a vibrar al ritmo marcial del exterior, acaricio mi rostro para quitarme la mascara nocturna, me levanto poco a poco.
Un leve dolor de cabeza esta presente desde hace algunos días, todo buen humor termina por consumirse entre la incomodidad de los ácaros caídos.
Camino hacia el baño, la perilla esta fría, sin el uso habitual, las cosas y los cuerpos se pierden. Un olor ácido me recuerda que mi hermano llego tarde anoche, enciendo la luz, innecesaria pero precisa.
Observo mi rostro dimensionado a la inversa, mi cerebro sucumbe ante la idea, que ese el reflejo me pertenece; abro la llave...
domingo, 8 de mayo de 2011
Funesto.
De nuevo estoy contra la pared.
De nuevo me encuentro en un rincón oscuro, castigada por mi propia torpeza, ciega y vacía.
Por momentos ingenua, por momentos rapaz, persiguiendo un cuerpo difuso, lejos, siempre lejos parece que no se mueve pero si me detengo, dejare de verlo.
Intento tras intento, de mi boca no salen palabras, solo sonidos guturales agonizantes, espaciados y secos.
Me se como una olla exprés, ignorante a lo que hay dentro, ajena, negando el calor que me consume lentamente. De vez en cuando el calor deja de ser fluido pesado y espeso, se transforma en vapor que se va expandiendo constante hasta chocar con las paredes y empujar los bordes, no respeta sellos que aveces llamo negación, otras distracción y algunas más, derrota.
Cuando logra salir, siempre es de manera abrupta y violenta, mi cuerpo se convierte en un lugar húmedo y caliente, cada poro dispara verdades, mi boca se humedece con el poder de expresar cada sentimiento atreves de un nuevo vocabulario sin aprender pero ya sabiéndolo utilizar para sentimiento conocido aquellos tan temidos alojados entre mis piernas y otros orificios y esquinas deseosos. La realidad pesada deshase mi ropa y mi piel hasta quedar expuesta por algunos instantes. Pero antes de poder sentir la razón entre mis ardores corpóreos, las paredes comienzan a reconstruirse, algo más gruesas, los vapores desaparecen y la temperatura baja hasta el punto donde lastima percibir la calidez ajena.
Ya reconstruida, fría, "fuerte" con vendas en los ojos con música ensordecedora entre mis oídos, la boca se obstrae, casi para desaparecer en espera de una nueva gota de cordura.
Sostengo una mirada dura en el horizonte familiar pero con tintes diferentes, cada vez más opacos, alguien a los lejos corre hacia mi, tiempo de iniciar la marcha.
De nuevo me encuentro en un rincón oscuro, castigada por mi propia torpeza, ciega y vacía.
Por momentos ingenua, por momentos rapaz, persiguiendo un cuerpo difuso, lejos, siempre lejos parece que no se mueve pero si me detengo, dejare de verlo.
Intento tras intento, de mi boca no salen palabras, solo sonidos guturales agonizantes, espaciados y secos.
Me se como una olla exprés, ignorante a lo que hay dentro, ajena, negando el calor que me consume lentamente. De vez en cuando el calor deja de ser fluido pesado y espeso, se transforma en vapor que se va expandiendo constante hasta chocar con las paredes y empujar los bordes, no respeta sellos que aveces llamo negación, otras distracción y algunas más, derrota.
Cuando logra salir, siempre es de manera abrupta y violenta, mi cuerpo se convierte en un lugar húmedo y caliente, cada poro dispara verdades, mi boca se humedece con el poder de expresar cada sentimiento atreves de un nuevo vocabulario sin aprender pero ya sabiéndolo utilizar para sentimiento conocido aquellos tan temidos alojados entre mis piernas y otros orificios y esquinas deseosos. La realidad pesada deshase mi ropa y mi piel hasta quedar expuesta por algunos instantes. Pero antes de poder sentir la razón entre mis ardores corpóreos, las paredes comienzan a reconstruirse, algo más gruesas, los vapores desaparecen y la temperatura baja hasta el punto donde lastima percibir la calidez ajena.
Ya reconstruida, fría, "fuerte" con vendas en los ojos con música ensordecedora entre mis oídos, la boca se obstrae, casi para desaparecer en espera de una nueva gota de cordura.
Sostengo una mirada dura en el horizonte familiar pero con tintes diferentes, cada vez más opacos, alguien a los lejos corre hacia mi, tiempo de iniciar la marcha.
domingo, 10 de abril de 2011
Sinfonía nocturna
Corro, me escabuyo, me interno en los mas profundo de mi mente, la luz del cuarto me atraviezan las corneas, trazando el camino interno.
Suspiro imaginando que mi lengua se libera de prejucios, empuja palabras que dan las frases que inician la confesión que ahora desearía hacerte.
Estoy seco por fuera, por dentro el agua ahoga mi sentido común, los colores se mezclan a cada paso que doy hasta volverse una masa amorfa de miedos y soledades.
Miedo, si mucho miedo, la nuca se me eriza a cada oprtunidad de salir prefiero la oscura cueva a intentar salvarme de la soledad que implica esar ahí.
Frente al espejo desubro el parecido que tengo contigo, esos cachos colgantes que arrastran responsabilidades tan grandes, pero que me dejan siempre una ventana por la cual escapar, representan todo lo que detesto pero que no puedo dejar de ser, no me dejo... ser.
La música aturde mis partes, me recuerda las posibilidades que deje atrás y que ahora solo son madejas empolvadas, debiles, putridas.
Al alba, justo cuando el frío atrae mas victimas, despierto ansioso que me lleve, pero no hay calor en mi, no hay que robar, solo espero entre sábanas de colores marrones, doy pequeños gritos, escucho como el frío se va bajando las escaleras, estremezco, me desmayo solo para despertar en la niebla de una realidad que me hacer vomitar por mañana.
Como quisiera gritarte esto, estamparte sobre la pared y ensuciar las paredes que con tanto ahinco redecoraste, estas justo enfrene, me sonríes, me ignoras, haces preguntas, esperas mi respuesta, sabes que te mentire. Un rito de ficciones que semana a semana nos obligas a llevar.
Complejo.
Me siento como una lesbiana cortada entre los brazos de un hombre que no me da nada o una heterosexual hipócrita y perdida entre pantaletas femeninas, me siento incompleta, compacta, arruinada.
Cuantas veces no escribí eso para mandártelo, cuantas veces no quise gritarlo justo cuando todos veían la tele o a mitad de clases mientras el profesor iniciaba un chiste seudointelectual, pero no, siempre lo guardo para mi, hasta ahora, espero.
Me excitó cuando estoy con hombres, me gusta besarlos, olerlos, tocarlos, me gusta gemir el orgasmo que invade mi cuerpo cuando me penetran sentirlo cerca, caliente, duro. Me gusta que terminen, que me abrasen dormir a su lado y respirar cerca, me gusta su cuerpo en fricción aveces fuerte, aveces suave, me gusta mirarlos y sonreír e imaginar las posibilidades de nuestros encuentro, pero...
¿Qué puedo decir de las mujeres? Mis experiencias son lejanas, difusas, ajenas en muchos niveles y sobretodo fugaces, entre el suspiro del orgasmo parpadeo para descubrir que acabo, mis ojos grabaron ningún recuerdo dentro del cerebro,mi boca seca entre gritos ahogados, la sensaciones que entraron por mis poros fueron contradicciones entre el tiempo y placer, termine sola, con frío en una cama enorme o en un sillón o quizás entre otros cuerpos, pero sin un abrazo, sin fricciones que me marquen una sonrisa.
En las mujeres hay algo imantado que no deja que me aleje, solo pensar estar en la entre pierna de alguna, sentir los senos, mordisquear su cuello, saborear la piel, dejarme impregnar por el olor de sus besos, escuchar la música que sale de su disfrute, todo eso hace hablar a mi sexo, sus palabras siempre son las mismas, retumban dentro de mi: ¡Tómala!
Disfruto estar con hombres, es cierto pero siempre hay un momento en la faena que mis ojos desvían la mirada del cuerpo ya este encima, abajo, atrás , alado, mis ojos lo desenfocan, lo atraviesan o lo evitan para sumirse entre una niebla espesa de pensamientos aleatorios, el resto de mi se convierte en un ser de respuestas autónomas u mecanizadas, regreso de ese coma poco a poco, para descubrir que los ojos de aquel ya están desorbitados y cansado, por mas que intento enfocarme hay un pensamiento que siempre distraerá el acto.
Posibilidades, se que hay muchas, pero la satisfacción consciente o subconsciente esta en contra de disfrutarlas todas, pero no me susurra la respuesta, ni da pista, frustrada seque entre esa decisión sin tregua o equilibrio cualquier dirección que elija no estará acompañada por puntos suspensivos.
Cuantas veces no escribí eso para mandártelo, cuantas veces no quise gritarlo justo cuando todos veían la tele o a mitad de clases mientras el profesor iniciaba un chiste seudointelectual, pero no, siempre lo guardo para mi, hasta ahora, espero.
Me excitó cuando estoy con hombres, me gusta besarlos, olerlos, tocarlos, me gusta gemir el orgasmo que invade mi cuerpo cuando me penetran sentirlo cerca, caliente, duro. Me gusta que terminen, que me abrasen dormir a su lado y respirar cerca, me gusta su cuerpo en fricción aveces fuerte, aveces suave, me gusta mirarlos y sonreír e imaginar las posibilidades de nuestros encuentro, pero...
¿Qué puedo decir de las mujeres? Mis experiencias son lejanas, difusas, ajenas en muchos niveles y sobretodo fugaces, entre el suspiro del orgasmo parpadeo para descubrir que acabo, mis ojos grabaron ningún recuerdo dentro del cerebro,mi boca seca entre gritos ahogados, la sensaciones que entraron por mis poros fueron contradicciones entre el tiempo y placer, termine sola, con frío en una cama enorme o en un sillón o quizás entre otros cuerpos, pero sin un abrazo, sin fricciones que me marquen una sonrisa.
En las mujeres hay algo imantado que no deja que me aleje, solo pensar estar en la entre pierna de alguna, sentir los senos, mordisquear su cuello, saborear la piel, dejarme impregnar por el olor de sus besos, escuchar la música que sale de su disfrute, todo eso hace hablar a mi sexo, sus palabras siempre son las mismas, retumban dentro de mi: ¡Tómala!
Disfruto estar con hombres, es cierto pero siempre hay un momento en la faena que mis ojos desvían la mirada del cuerpo ya este encima, abajo, atrás , alado, mis ojos lo desenfocan, lo atraviesan o lo evitan para sumirse entre una niebla espesa de pensamientos aleatorios, el resto de mi se convierte en un ser de respuestas autónomas u mecanizadas, regreso de ese coma poco a poco, para descubrir que los ojos de aquel ya están desorbitados y cansado, por mas que intento enfocarme hay un pensamiento que siempre distraerá el acto.
Posibilidades, se que hay muchas, pero la satisfacción consciente o subconsciente esta en contra de disfrutarlas todas, pero no me susurra la respuesta, ni da pista, frustrada seque entre esa decisión sin tregua o equilibrio cualquier dirección que elija no estará acompañada por puntos suspensivos.
viernes, 25 de marzo de 2011
Tengo miedo de dormir
Los grillos ahogan cualquier silencio cercano, los ojos están llorosos de cansancio, pero temen descansar por lo que pueden encontrar al reaccionar.
Cambia de lugar conmigo, quiero dormir sin el temor de ya no encontrarme en donde estaba y como estaba, cámbiame el lugar para sentirme a salvo y bajar la guardia; la normalidad esta cerrada.
Quítame la lengua, el sabor amargo de la tristeza abarca todo lo que entra en mi boca.
Encarna mis ojos a tu cuerpo, las lagrimas pudrieron mis pupilas.
Destapame el corazón que eres demasiado grande para este espacio tan reducido.
Empujame, la inmovilidad de mis miembros atrofio mi mente.
Cántame, mis oídos se ocultaron para no recordar el sonido de la realidad.
Desgarra mi piel por que los escalofríos quemaron mis nervios.
Llévate mi voz, mis uñas y mis pestañas.
Estoy sola, el frío entra por las rendijas de la enfermedad de la nada... abrázame, los fantasmas del pasado rondan mi futuro.
Los sueños son tramposos, me hacen creer que es ficción, nunca me aclaran si ya termino ¡Ya!, deja de temblar si es que puedes, gime, solloza.
Comete mis sentimientos, aunque sean amargas y con poca carne. Te extraño y aun estas ami lado quita la cortina de mis ojos y vete.
Quiebrame que verte morir me enferma.
Tengo miedo de dormir, quizás despierte.
Cambia de lugar conmigo, quiero dormir sin el temor de ya no encontrarme en donde estaba y como estaba, cámbiame el lugar para sentirme a salvo y bajar la guardia; la normalidad esta cerrada.
Quítame la lengua, el sabor amargo de la tristeza abarca todo lo que entra en mi boca.
Encarna mis ojos a tu cuerpo, las lagrimas pudrieron mis pupilas.
Destapame el corazón que eres demasiado grande para este espacio tan reducido.
Empujame, la inmovilidad de mis miembros atrofio mi mente.
Cántame, mis oídos se ocultaron para no recordar el sonido de la realidad.
Desgarra mi piel por que los escalofríos quemaron mis nervios.
Llévate mi voz, mis uñas y mis pestañas.
Estoy sola, el frío entra por las rendijas de la enfermedad de la nada... abrázame, los fantasmas del pasado rondan mi futuro.
Los sueños son tramposos, me hacen creer que es ficción, nunca me aclaran si ya termino ¡Ya!, deja de temblar si es que puedes, gime, solloza.
Comete mis sentimientos, aunque sean amargas y con poca carne. Te extraño y aun estas ami lado quita la cortina de mis ojos y vete.
Quiebrame que verte morir me enferma.
Tengo miedo de dormir, quizás despierte.
lunes, 21 de marzo de 2011
Repetición continua
Entre cierro las cortinas.Me desvisto dejando pegada al piso mi playera, mi pantalón, mi brasier, mi moral, mi pudor.
Frente al espejo observo cuidadosamente el cuerpo imperfecto, con las manos voy quitando sin prisa la capa de lo que me dijeron que tenia que ser, en verdad desnuda.Esta es una cita con mi placer.
Volteo hacia la cama, pasiva y a la espera, algo dudosa recargo mi cuerpo encima de mis prejuicios, los asfixio. Doy unas cuantas vueltas trato de asentar mis deseos, después de un rato me detengo, mi mirada hacia el techo y los pensamientos hundidos en los recuerdos activadores del libido, cierro los ojos, en mis parpados comienza a correr la cinta de mis experiencias y deseos, sin nombres ni relaciones, solo sensaciones.
Mis manos ansiosas parecen moverse autónomas, las yemas receptoras bailan, al principio torpes entre ingenuidades y perversiones, intento seguir evitando la zona que separa mis extremidades inferiores pero su calor es un imán que no puedo seguir evadiendo; abro los ojos la luz tenue hace que mi cuerpo tenga tonalidades ensombrecidas y marmoleadas.
Mi respiración comienza a ser agitada y profunda, mis manos juguetean, mi piel se eriza, la humedad aumenta, la profundidad de mi entre pierna grita desesperada. las manos se separan; la izquierda quiere seguir bailando, la derecha se detiene, dejo de ser un juego.
Detrás de mis orejas comienza una melodía tibia, va al compás de mis manos, la izquierda se inserta cada vez mas profundo, mi boca entreabierta deja salir gemidos acallados por la negación a mi cuerpo, emana como hilos calientes, hacen la atmósfera sea pesada, extasiante.
Mi brazo derecho harto de su confusión se dirige a mis senos que siguen firmes y a la espera, mi piel esta mas alerta que nunca a la fricción de mis partes, me colapsa, me pierde en movimientos imperceptibles para quien no escucha esa melodía tibia que poco a poco va conbirtendose en rapida y violenta mi corazón grita que pare la faena, pero mis huesos, mi sexo y mi piel suplican a mis manos que sigan
El orgasmo comienza a pronunciar un discurso lentamente por todo mi cuerpo, mis pupilas se dilatan mostrandome por un instante una larga gama de colores deesconocidos, mi olfato se atiborra de olores extasiantes a mi boca llega el sabor del placer, solo por un insante...
Logre el movimiento perpetuo.
Frente al espejo observo cuidadosamente el cuerpo imperfecto, con las manos voy quitando sin prisa la capa de lo que me dijeron que tenia que ser, en verdad desnuda.Esta es una cita con mi placer.
Volteo hacia la cama, pasiva y a la espera, algo dudosa recargo mi cuerpo encima de mis prejuicios, los asfixio. Doy unas cuantas vueltas trato de asentar mis deseos, después de un rato me detengo, mi mirada hacia el techo y los pensamientos hundidos en los recuerdos activadores del libido, cierro los ojos, en mis parpados comienza a correr la cinta de mis experiencias y deseos, sin nombres ni relaciones, solo sensaciones.
Mis manos ansiosas parecen moverse autónomas, las yemas receptoras bailan, al principio torpes entre ingenuidades y perversiones, intento seguir evitando la zona que separa mis extremidades inferiores pero su calor es un imán que no puedo seguir evadiendo; abro los ojos la luz tenue hace que mi cuerpo tenga tonalidades ensombrecidas y marmoleadas.
Mi respiración comienza a ser agitada y profunda, mis manos juguetean, mi piel se eriza, la humedad aumenta, la profundidad de mi entre pierna grita desesperada. las manos se separan; la izquierda quiere seguir bailando, la derecha se detiene, dejo de ser un juego.
Detrás de mis orejas comienza una melodía tibia, va al compás de mis manos, la izquierda se inserta cada vez mas profundo, mi boca entreabierta deja salir gemidos acallados por la negación a mi cuerpo, emana como hilos calientes, hacen la atmósfera sea pesada, extasiante.
Mi brazo derecho harto de su confusión se dirige a mis senos que siguen firmes y a la espera, mi piel esta mas alerta que nunca a la fricción de mis partes, me colapsa, me pierde en movimientos imperceptibles para quien no escucha esa melodía tibia que poco a poco va conbirtendose en rapida y violenta mi corazón grita que pare la faena, pero mis huesos, mi sexo y mi piel suplican a mis manos que sigan
El orgasmo comienza a pronunciar un discurso lentamente por todo mi cuerpo, mis pupilas se dilatan mostrandome por un instante una larga gama de colores deesconocidos, mi olfato se atiborra de olores extasiantes a mi boca llega el sabor del placer, solo por un insante...
Logre el movimiento perpetuo.
jueves, 10 de febrero de 2011
El mundo se termino en viernes.
Acostada sobre la cama, jugueteando con la sombra del humo, que se dibujaba gris sobre la luz amarillezca de una lampara proyectada en la pared blanca de un cigarrillo apunto de consumirse, pienso en ese día tan ajeno a la cotidianidad, el día que te conocí. Cuando lo recuerdo mi mente lo traduce siempre en tonalidades opacas y difusas.
Llegaste sola, con el frío citadino impregnado a tu cuerpo desfragmentado. Nosotros alrededor de un banquillo sobre el cual estaba un cenicero redondo y metálico, lleno de colillas cenizas y alcohol derramado, cada uno con vasos medios llenos, medios vacíos, mirándonos a los ojos de vez en cuando, con las comisuras de los labios bailando al compás de la embriagues. La música de fondo distraía mi mente, me hacia querer beber más.
Antes que nadie, vi tu sombra detrás del cristal, delgada y larga. Tocaste pasmosamente tres veces, como si fuera tu número de la suerte, "Pat", con una canción trabada alrededor de su lengua salto de la silla azul para dejarte entrar; las luces se volvieron sombras, lo único que con seguridad pude distinguir fue la mitad de tus labios rojos, carnosos, entreabiertos. Tu mentón definido, delgado donde un lunar se posaba del lado izquierdo.
Por un momento, toda mi borrachera, se fue al corazón, caminaste hacia mi, sentía tu mirada, mis ojos se esforzaban por enfocar mas de ti entre las penumbras de mi intoxicación. Te deslizaste poco a poco hasta estar obscenamente cerca de mi, extendiste una mano rolliza de dedos chatos y un eco retumbo por todo mi cuerpo "Renata y tu?" , mi mano derecha por impulso se levanto con movimientos robóticos, en el momento de estrechar por completo nuestras manos, la música regreso como un choque eléctrico a mis tímpanos las luces quemaron las corneas clavadas en tus ojos que ahora se veían negros, cristalinos y profundos. Todos reían nerviosos, al ver mi rostro.
Te sentaste junto a mi, tus labios reflejaban una sonrisa natural y sincera. Mi fría mano izquierda me hizo recordar la bebida embriagante que esperaba ser consumida por mis labios, temblando, la tome con las dos manos y separe mis ojos de tu cuerpo oculto por un vestido verde entallado, le dí un gran trago, calentó mi cuerpo rígido y me desparrame a lo ancho del asiento, la música siguió su curso, las habladurías banales delante mió envenenaban el momento de placer, que parecía interminable, memorial.
Termine mi trago sonreí satisfecha hacia un punto perdido, segundos después busque las botellas de alcohol entre mis piernas, me serví casi la mitad del vaso y antes de poder darle un certero sorbo te vi aún mirándome, sorprendida, el rojo invadió mi rostro, de nuevo tu mano extendida pero esta vez con un vaso esperando el choque - SALUD- dije.
La noche transcurrió normal para los demás que estaban alrededor del banquillo, pero tu y yo iniciamos una conversación silenciosa, intima y prolongada. Temíamos romper la privacidad de nuestro romance con el tacto, gesticular palabras solo nos llevaría a mentiras comunes e irreparables, posaríamos mascaras sobre nuestras almas secando pasiones, lo llamaríamos amor. Nuestros ojos abrían la entrepierna más profundo que cualquier lengua, dedo o pene, nuestra imaginación hacía conocernos mejor que cualquier biografía escrita, nuestros cuerpos inertes, frente a frente llegaron a ser uno esa noche; saboreamos cada rincón de el, llegando a un orgasmo en espiral.
Pero con el amanecer nuestros ojos cansados cerraron los ojos, el ultimo suspiro de placer se llevo lo que por toda una noche fue nuestro, regresamos a la música de fondo y las risas ocasionales con olor a alcohol. Eramos una célula que imploraba invertir la mitosis. Te levantaste, el vestido verde pegado a tu cuerpo había perdido brillo, hiciste una seña con la mano. Ni siquiera intentamos buscarnos.
Te recuerdo como una cruda, opaca, difusa y dolorosa.
Llegaste sola, con el frío citadino impregnado a tu cuerpo desfragmentado. Nosotros alrededor de un banquillo sobre el cual estaba un cenicero redondo y metálico, lleno de colillas cenizas y alcohol derramado, cada uno con vasos medios llenos, medios vacíos, mirándonos a los ojos de vez en cuando, con las comisuras de los labios bailando al compás de la embriagues. La música de fondo distraía mi mente, me hacia querer beber más.
Antes que nadie, vi tu sombra detrás del cristal, delgada y larga. Tocaste pasmosamente tres veces, como si fuera tu número de la suerte, "Pat", con una canción trabada alrededor de su lengua salto de la silla azul para dejarte entrar; las luces se volvieron sombras, lo único que con seguridad pude distinguir fue la mitad de tus labios rojos, carnosos, entreabiertos. Tu mentón definido, delgado donde un lunar se posaba del lado izquierdo.
Por un momento, toda mi borrachera, se fue al corazón, caminaste hacia mi, sentía tu mirada, mis ojos se esforzaban por enfocar mas de ti entre las penumbras de mi intoxicación. Te deslizaste poco a poco hasta estar obscenamente cerca de mi, extendiste una mano rolliza de dedos chatos y un eco retumbo por todo mi cuerpo "Renata y tu?" , mi mano derecha por impulso se levanto con movimientos robóticos, en el momento de estrechar por completo nuestras manos, la música regreso como un choque eléctrico a mis tímpanos las luces quemaron las corneas clavadas en tus ojos que ahora se veían negros, cristalinos y profundos. Todos reían nerviosos, al ver mi rostro.
Te sentaste junto a mi, tus labios reflejaban una sonrisa natural y sincera. Mi fría mano izquierda me hizo recordar la bebida embriagante que esperaba ser consumida por mis labios, temblando, la tome con las dos manos y separe mis ojos de tu cuerpo oculto por un vestido verde entallado, le dí un gran trago, calentó mi cuerpo rígido y me desparrame a lo ancho del asiento, la música siguió su curso, las habladurías banales delante mió envenenaban el momento de placer, que parecía interminable, memorial.
Termine mi trago sonreí satisfecha hacia un punto perdido, segundos después busque las botellas de alcohol entre mis piernas, me serví casi la mitad del vaso y antes de poder darle un certero sorbo te vi aún mirándome, sorprendida, el rojo invadió mi rostro, de nuevo tu mano extendida pero esta vez con un vaso esperando el choque - SALUD- dije.
La noche transcurrió normal para los demás que estaban alrededor del banquillo, pero tu y yo iniciamos una conversación silenciosa, intima y prolongada. Temíamos romper la privacidad de nuestro romance con el tacto, gesticular palabras solo nos llevaría a mentiras comunes e irreparables, posaríamos mascaras sobre nuestras almas secando pasiones, lo llamaríamos amor. Nuestros ojos abrían la entrepierna más profundo que cualquier lengua, dedo o pene, nuestra imaginación hacía conocernos mejor que cualquier biografía escrita, nuestros cuerpos inertes, frente a frente llegaron a ser uno esa noche; saboreamos cada rincón de el, llegando a un orgasmo en espiral.
Pero con el amanecer nuestros ojos cansados cerraron los ojos, el ultimo suspiro de placer se llevo lo que por toda una noche fue nuestro, regresamos a la música de fondo y las risas ocasionales con olor a alcohol. Eramos una célula que imploraba invertir la mitosis. Te levantaste, el vestido verde pegado a tu cuerpo había perdido brillo, hiciste una seña con la mano. Ni siquiera intentamos buscarnos.
Te recuerdo como una cruda, opaca, difusa y dolorosa.
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