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sábado, 12 de mayo de 2012

Domingo

Soy una chica que se renueva cada fin de semana. No tengo escamas, ni me envuelvo en una crisálida, solamente la piel muerta que se cae de mi cuerpo para convertirse en polvo. 


Pero mis ojos, mis ojos  se transforman. No cambian de color o forma, mi miopía se queda intacta, puede decirse que no pasa nada, son pequeños destellos cuando miro al vacío. 


Es difícil notarlo, cuando cambias estas en presente pero sólo en el futuro, mirando al pasado puedes notar aquellos detalles que antes no te caracterizaban.


Esto me sucede cada semana, me encuentro un domingo, descubriendo que no me saben igual las cosas:  el orgasmo ya no se libera a gritos, que el bailar no necesita música, una carcajada nace con más dificultad, el olfato se hace selecto, el alcohol te va cansando, los excesos te exceden,  las caras amigables se reducen aunque muchas nuevas aparezcan,la sorpresa se hace sorprendente,  los recuerdos se aglomeran, empujándose para siempre ser recordados, el deseo se hace más fuerte entre menos lo obtengas, la soledad te hace más pesado el cuerpo, te das cuenta de que el tiempo pasa más rápido y los miedos al futuro se hacen tangibles.


Lo que me gustaría  cambiar es justo lo que es inmutable, un molde del cual no puedo escapar; un molde impenetrable, creado a la medida el cual tiene forma de las letra de mi nombre y el fondo es mi pasado. 


Todo esto el domingo pasado no lo sabia. Mi conciencia se cansa de tanto cambiar, estoy aferrada a no perderme, cayendo en una negación que me termina cambiando por completo, perdiendo así, el camino recorrido, quizás más atrás. El cuerpo se va pudriendo hasta reconstruirse en un ser diferido con mis nombres y apellidos.




 Y ya puedo identificar otro cambio, por que le tengo miedo a que llegue otro domingo

domingo, 16 de octubre de 2011

Lucía en el país de los "mireyes"

No hubo motivación o interés. Fue el conejo blanco el que me empujaba a su agujero, una mancha oscura en la ciudad...$95 de cover para entrar.


 Había muchos frascos de vidrio que decían bebeme pero en diferentes presentaciones: " Vodka" Whisky" "Tequila" y "Ron" servidos por un sombrerero loco amarrado a un mandil con la marca  de una cervecería y un chaleco negro brilloso.


El gato rison transformado en burdas pantallas de plasma, sus dientes fueron modificados como tipografía rosada con un mensaje que se repetía en cada pantalla "ale: eres lo mejor para mi, te amo un CH. atte Jorge" diferentes nombres, misma meta.


Pequeñas luces llenan mi cuerpo, puntos que  blancos y rojos, soy la rosa a la que pequeños naipes luchan por pintar. De una maquina sale humo que huele a ficción, pequeños monstruos semejantes a los momerats mataron al caballito mecedora y a las mariposas panque, son el ingrediente secreto de las "perlas nergas"


No llevo puesto un vestido azul, se transformo en un entallado vestido negro, improvisado como playera, mi cabello no es rubio tanto refresco de cola caduco me cambio el color.


Se escucha un "cortenle la cabeza" a lo lejos, es la reina de corazones en la entrada, fue rebajada a cadenera por la corte del rey.


En vez de un hongo que me haga crecer, hay un vaso con Captain Morgan mal servido, una pequeña oruga se aleja del área de fumadores para preguntarme: ¿Quién eres tú?
          Mis labios titubeantes responden: no lo sé


Veo al conejo blanco, con una camisa desabotonada mostrando un rosario de madera; en una mano el reloj marca la una de la mañana, esta junto a mi bailando al ritmo de los bits de una mezcla de alguna canción de  "Empire of the sun". Baila, me tira el trago en el pecho se acerca para besarme pero antes gesticula: Eres mi lobuki.


Despierto, hay una marca en mi brazo derecho con las iniciales M. R. Ojala no vuelva a ese lugar.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Triple siete (parte 1)

Entre pasillos bien alumbrados, pisos alfombrados con formas geométricas de color rojo en fondo beige, ante la puerta de mi habitación frente al número doscientos quince, donde el dorado había perdido brillo, ahí, saque el arma.
Hace dos semanas agarre mi destartalado automóvil, en dirección a… algún lugar. Empaque botellas de alcohol, cerca de veinticinco cajetillas de cigarrillos, dos cajas de aspirinas y una sombrilla, quizás llueva.
Manejaba borracho, dormía entre vomito, mi cuerpo temblaba cada mañana, en el quinto día aparque el armatoste en una fonda de paso, una camarera grasosa con mucho maquillaje se acerco con una sonrisa llena de asco, antes de atenderme, me advirtió que no recibiría la orden hasta demostrarle que tenia capital para consumir, de mi billetera tire un cien al adoquinado…
Toda la comida me supo a vomito rancio, pero el café logro despertarme, sin darme cuenta hablaba con un hombre, o bueno, el hablaba conmigo.
Mis dedos sostenían un tabaco, el humo lastimaba mis ojos, pero solo así, podía mantenerme sentado sin vomitar. Quería irme, el hombre balbuceaba, su aliento era peor que el mío, vestía un traje barato color verde, era viejo, había varías manchas en su pantalón,  este le quedaba tan zancón que podía ver sus calcetines negros con rombos blancos, llevaba una camisa amarillenta y una cruz de plata alrededor de su cuello; unas grandes entradas intentando ocultarse tras cabello prestado, su gran papada se columpiaba al final de cada frase. No prestaba cuidado a lo que hablaba, pero gozaba observar la mancha oscura en su incisivo izquierdo, pasado algún tiempo, cerró la boca, sentí su mirada esperando una respuesta a una pregunta sorda.
-¿Qué dices mano?
-Ammmm…- Me sentía tan desubicado, preste tan poca atención, que apenas reconocí el tono de su voz, asentí dudoso con la cabeza.
-Vientos, ¿Salimos ahora? Nos iremos en mi camioneta, deja tu chatarra o no te dejaran entrar, me llamo Gastón, ¿Tu eres?...
Me siguió hasta el auto, ayudo con mi maleta, antes de dejar las llaves puestas revise minuciosamente entre la suciedad: encontré varias monedas, fotografías rotas, botellas, latas, tres destapadores y dos encendedores, abrí el maletero, saque mi Walther 22 y una pequeña maleta, con todos mis papeles.
Gastón me esperaba, ya sentado en su silverado color plata, camine lento, justo con el sol saliendo a mi espalda, me di cuenta de que quizás lo que esté haciendo sea un error, pero  no tenía mejor lugar a donde ir, al menos el tiene un plan, al menos si muero, no será a manos de un completo desconocido.
El camino fue tortuoso, al menos para mí, la cruda se negaba a pasar, ni siquiera después de media caja de aspirinas, Gastón encendió la radio y no dejo de cantar country, me conto que vivió quince años en Texas, se fue de mojado a los veintidós, dejando a su mujer en el estado de México con dos hijas, al llegar a los Estados Unidos, olvido por completo el poco amor que le tuvo, encontró fácilmente un trabajo, el cual le daba tiempo suficiente para embriagarse cuatro días a la semana, consiguió la nacionalidad casándose con “Linda” una señora viuda de los suburbios, estuvo con ella casi tres años, hasta que murió, gracias a esa relación tuvo varias amistades, con los que aun tiene contacto.
-Como te decía, vamos al casino de un amigo, está cerca de la frontera, falta poco, pero antes iremos a un motel, a que te des una ducha y compres algo de ropa, con esa pinta no pasaras del portón y a mí me pondrán en la lista negra por traer a alguien sin dinero -Gastón detuvo la camioneta y apago la radio, su mirada era dura… -por cierto, ¿Tienes efectivo?
-Sí, tengo algunos ahorros en mi maletín, los de toda mi vida.
Sin decir más estuvimos doce horas en carretera, nos quedamos en el motel “Quinta Inn”, pasamos ahí la noche, en la mañana buscamos una tienda de ropa; compre algunas playeras, calcetines, ropa interior y un pantalón de pana café. Hablamos poco, cuando preguntaba por mi historia, me limitaba decir – es largo de explicar-.
Estábamos cerca de la frontera, cuando le mencione que no contaba con visa, a lo cual Gastón soltó una gran carcajada, a los pocos metros se desvió hacia la izquierda, un camino que levantaba considerable cantidad de tierra, así durante una hora, a lo lejos se veía un edificio alargado color blanco, el sol le daba un brillo extraño, en medio del desierto, llegue a pensar que era un espejismo muy elaborado.
Casi en la entrada dos hombres nos impidieron el paso, Gastón mostro una tarjeta que tenía en el  maletero, preguntaron quien era yo, a lo que Gastón respondió - Un amigo, es de confianza-.
Entramos, después de un pequeño jardín estaba la recepción, Gastón pidió dos habitaciones “como las de siempre”, estaba algo confundido pero preferí dejarme llevar. Tenía la habitación doscientos quince, ahí el tipo del traje barato se separo de mí, antes de entrar al elevador me grito: -Nos vemos en el casino-, haciendo un ademan de despedida con la mano, sin siquiera verme.
Vi mi llave en la mesa de la recepción y aun botones con mi maleta. Ya en el segundo piso, había dos pasillos alargados, el botones me indico a la derecha, lo seguí  mientras observaba las imitaciones de pinturas famosas que estaban en las paredes, me hicieron entrar en recuerdos que intentaba evitar desde la semana pasada, lo cual me hizo chocar con el adolecente, vire mi rostro hacia la derecha y ahí estaba el número doscientos quince en letras doradas, introduje la llave, una brisa seca llego de golpe a mis pulmones.
Dormí casi todo el día, pase muchos días durmiendo en mi carcacha roja, la cama del motel era dura y de olores raros, después de tanto tiempo, pude dormir en una buena cama. No desperté hasta el día siguiente y no me levante más que para pedir  comida al cuarto en dos días más. En el tercero, a las seis estaba ya en la puerta del casino, con los bolsos llenos de cambio.

lunes, 1 de agosto de 2011

Hola, me llamo _____.


No soy blanca, ni afrodescendiente, ni indígena o asiática, podría entrar en la categoría de mestiza. No creo en el islam o budismo, aunque crecí en un seno católico, Dios me vale un pito. Los cristianos me dan dolor de cabeza y otras sectas, me dan miedo.

No le voy al América o a las chivas, ver a once jugadores persiguiendo a un balón no produce en mi gran euforia. Tampoco el baloncesto ni una carrera de cien metros; aunque disfruto las carreras en hielo, ese mover de glúteos me hipnotiza.

Me aburren las películas de acción y las de terror me da risa; los melodramas pueden hacerme enternecer y si hay mucha violencia, no puedo cerrar los ojos. Si estoy en mi casa, no me gustan que las películas tengan comerciales y en el cine extraño el medio tiempo.
A veces trago, como si no hubiera un mañana: odio el pimiento, el apio y la pancita. Por lo único que voy a algunas reuniones familiares, es por la comida ¿Algunas? Hay olores que me recuerdan a mi infancia, como el de quemado, mi hermana hacía al principio mal de comer. El pan puede ser mi perdición o la única opción de alimentación en una casa desprovista de más comida.

No me agrada limpiar mi casa, pero hasta yo tengo un límite en el caos. No me baño, a menos que salga y si de mí dependiera, no me cepillaría el cabello. Me obsesiono con las manos limpias y con la suavidad de las mismas, quizás no sean muy hábiles, pero  acariciarlas con mis labios, podría ser mi peor obsesión.

Detesto las matemáticas, pero el número 8 es mi preferido. Quisiera entender el tiempo, pero no medirlo. Tengo alma de humanista, pero estomago de científico. Las ingenierías me son inútiles, aunque sé que sin ellas no viviría llena de comodidades.

La música me llena, pero no se ni un maldito acorde, a veces pienso mi vida como una ópera, la gorda aun no sale a cantar, que siga la función.

No me gusta el sexo tan explicito, pero creo ser sádica, el dolor puede llevarme a encontrar un placer extraño, me llena ver el dolor de mi pareja, no excesos claro. No discrimino entre hombre o mujer, pero si lo hago ya en los detalles de cada persona. El orgasmo entra de muchas maneras, aun busco el que sea en espiral.

No soy moralista o eso intento al menos, no sé bailar, no me gustan los antros, ni el ruido excesivo, no canto bien, no pinto bien y escribir, sé que puedo hacerlo mejor.


No soy alcohólica, pero me encanta el tabaco, no soy flexible, pero puedo moverme lo suficiente;  no soy corrupta, pero digo muchas mentiras.


Me han amado, pero ahora me pregunto si yo un día lo haré.



                               No sé quién soy, pero sé que no soy.

sábado, 14 de mayo de 2011

La chica en doble pupila. parte 1

Mis parpados lagañados se separan, la luz se expande hasta llegar como pulsaciones eléctricas a mi cerebro, que man las pesadillas y rumores... despierto.


Las extremidades se niegan a moverse, ellos aun sueñan, por algunos momentos me limito a ver el techo viejo techo blanco ensombrecido por la luz natural, dudo estar despierta.


Los tímpanos comienzan a vibrar al ritmo marcial del exterior, acaricio mi rostro para quitarme la mascara nocturna, me levanto poco a poco.


Un leve dolor de cabeza esta presente desde hace algunos días, todo buen humor termina por consumirse entre la incomodidad de los ácaros caídos.


Camino hacia el baño, la perilla esta fría, sin el uso habitual, las cosas y los cuerpos se pierden. Un olor ácido me recuerda que mi hermano llego tarde anoche, enciendo la luz, innecesaria pero precisa. 


Observo mi rostro dimensionado a la inversa, mi cerebro sucumbe ante la idea, que ese el reflejo me pertenece; abro la llave...

lunes, 1 de noviembre de 2010

Tuve una pesadilla.

 Tenías aprisionadas con ambas manos  las medias  sujetas a mis muslos. Era un cuarto, que lo pensaba oscuro, su baja temperatura contrastaba con el calor de nuestros cuerpos, los dos en un principio de negro sobre sabanas blancas, después carne sobre perla. Mi cuerpo te necesitaba, nunca vi tu rostro, no importa, ya me aprendí tus gestos, mis piernas con nuevas texturas abiertas, abrazándote fuerte, empujándote. Sentía tu piel blanca, dura, joven; tus piernas temblaban y tu torso intenta el ángulo adecuado para empezar la faena.
No hay sonido alguno, al menos no en mi recuerdo, es una escena muda con calibrados sentidos que me  describían sin tener que estar allí, me llenaba de la mezcla de aromas a cigarrillo, sudor y calentura que tu piel expedía; Tener el sabor de tu boca, de tu lenga un sabor a alcohol, lujuria, que se junta con mi saliva, observar como tus manos tocan repetidamente mi entrepierna y como las mías con impotencia estaban impedidas por el temor de no saber que hacer, no soy primeriza pero el tenerte tan cerca, el saber que mis lentes son empañados por  tu aliento, eriza mis vellos.
No había nadie más que nosotros, rodeados por una red humosa de las pasiones que se apoderaban  hasta consumirnos, sabía el contexto del sueño, que día era, el por que de mi vestimenta; de la falda que  durante la noche intentaste a toda costa levantar, la camisa que mostraba un pecho en el que aun rebotaban viejos gritos de amantes enterrados.
Tus movimientos que me hundían mas a la cama, el ver tus dientes ante un rugido en silencio, tus venas brotar… al cerrar los ojos para poder dar el último aliento  mientras distingo el tronar de las medias hace que me despierte asustada ¿Por qué? La confusión entra en mi, me taclea, me atraviesa, ya no se si esto fue un maravilloso sueño o el inicio del infierno.

sábado, 9 de octubre de 2010

en donde no te encuentro

Hay verdades que estrangulan tu conciencia que se acobardan al verla tan cerca y aunque sabes que son inevitables las evades con tal de no enfrentarlas, así es mi relación contigo, quiero que sea real, creo que tu no la dejas, quiero correr y liberarme de ti, de tus ataduras que solo me hacen caer, junto a ti claro.
Déjame ahora ser libre  o déjate ser libre yo estar, feliz por ti... me importas mas tu ahora, te sueño entre mi regazo y quisiera tenerte, no para retenerte solo para comerte en un infinito placer, saborearnos y que se impregne no me ames solo tenme .... en una verdad que sabemos que no existe.

domingo, 3 de octubre de 2010

Bajo las sabanas

Debía esperarlo entre la oscuridad de la mañana no admitida.

Te metes entre todos sus prejuicios, parece un simple abrazo. Tu camisa descubre un poco de piel, las yemas de sus dedos rozan tu cuello cada botón sale disparado mostrando un  blanco torso ajeno a ella. Tu cuerpo gira en su dirección hasta quedar frente a frente, pedazos de carne deseosos por contacto con el grito en la garganta y electricidad entre las piernas.

Cortas el límite entre tu mano y el pantalón que le aprisiona las sensaciones, la observas quitándole el control, te teme. Tus dedos buscan refugio, a ella se le escapan gemidos que intenta ahogar, se disparan las piernas cada vez mas abiertas.

El tono de tu voz es tan diferente que sospecha estar con otro hombre.

Está justo debajo de tu vientre llenándose la boca, saboreándote, sujetas su cabeza dirigiéndola, quieres más fuerte y profundo, más. Reacciona, hace frío esta sorprendida no sabia si parar o seguir, se separa con un beso de tu cuerpo se voltea, la ves con sorpresa y decepción ella solo quiere dormir y tragar su vergüenza debajo de la sabanas.