Odio sentir tu amor, me mueve, me cambia.
Te quiero.... pero, pero, pero... siempre un pero.
¿Hay que correr el riesgo?
No tengo miedo por mi, si no por ti.
Ya no quiero más puntos suspensivos en nuestra historia.
Te quiero, pero tu más y ese es el problema, tu querer se desborda, de eso no puede vivir una pareja, de eso no se trata, es una felicidad falsa, aunque sea los los mejores segundos. Hay energía pero es negativa.
Me gusta meter tus ojos en mis cuencas y verme, lo amo, lo deseo, pero te entrego unos ojos gastados, llenos de sangre, te dejo ciego, perdón ya no más.
Quiero tu sonrisa, no ver mi nombre entre tus dientes.
Amo como me proyectas, como me tocas, solo que no me gusta como soy cuando estoy a tu lado, me vuelvo un ser despreciable, egoísta y mundano. No serás un fantasma, ya comienzas a morir, no quiero más culpas.
No soy tu persona.
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lunes, 3 de octubre de 2011
lunes, 5 de septiembre de 2011
Triple siete (parte 1)
Entre pasillos bien alumbrados, pisos alfombrados con formas geométricas de color rojo en fondo beige, ante la puerta de mi habitación frente al número doscientos quince, donde el dorado había perdido brillo, ahí, saque el arma.
Hace dos semanas agarre mi destartalado automóvil, en dirección a… algún lugar. Empaque botellas de alcohol, cerca de veinticinco cajetillas de cigarrillos, dos cajas de aspirinas y una sombrilla, quizás llueva.
Manejaba borracho, dormía entre vomito, mi cuerpo temblaba cada mañana, en el quinto día aparque el armatoste en una fonda de paso, una camarera grasosa con mucho maquillaje se acerco con una sonrisa llena de asco, antes de atenderme, me advirtió que no recibiría la orden hasta demostrarle que tenia capital para consumir, de mi billetera tire un cien al adoquinado…
Toda la comida me supo a vomito rancio, pero el café logro despertarme, sin darme cuenta hablaba con un hombre, o bueno, el hablaba conmigo.
Mis dedos sostenían un tabaco, el humo lastimaba mis ojos, pero solo así, podía mantenerme sentado sin vomitar. Quería irme, el hombre balbuceaba, su aliento era peor que el mío, vestía un traje barato color verde, era viejo, había varías manchas en su pantalón, este le quedaba tan zancón que podía ver sus calcetines negros con rombos blancos, llevaba una camisa amarillenta y una cruz de plata alrededor de su cuello; unas grandes entradas intentando ocultarse tras cabello prestado, su gran papada se columpiaba al final de cada frase. No prestaba cuidado a lo que hablaba, pero gozaba observar la mancha oscura en su incisivo izquierdo, pasado algún tiempo, cerró la boca, sentí su mirada esperando una respuesta a una pregunta sorda.
-¿Qué dices mano?
-Ammmm…- Me sentía tan desubicado, preste tan poca atención, que apenas reconocí el tono de su voz, asentí dudoso con la cabeza.
-Vientos, ¿Salimos ahora? Nos iremos en mi camioneta, deja tu chatarra o no te dejaran entrar, me llamo Gastón, ¿Tu eres?...
Me siguió hasta el auto, ayudo con mi maleta, antes de dejar las llaves puestas revise minuciosamente entre la suciedad: encontré varias monedas, fotografías rotas, botellas, latas, tres destapadores y dos encendedores, abrí el maletero, saque mi Walther 22 y una pequeña maleta, con todos mis papeles.
Gastón me esperaba, ya sentado en su silverado color plata, camine lento, justo con el sol saliendo a mi espalda, me di cuenta de que quizás lo que esté haciendo sea un error, pero no tenía mejor lugar a donde ir, al menos el tiene un plan, al menos si muero, no será a manos de un completo desconocido.
El camino fue tortuoso, al menos para mí, la cruda se negaba a pasar, ni siquiera después de media caja de aspirinas, Gastón encendió la radio y no dejo de cantar country, me conto que vivió quince años en Texas, se fue de mojado a los veintidós, dejando a su mujer en el estado de México con dos hijas, al llegar a los Estados Unidos, olvido por completo el poco amor que le tuvo, encontró fácilmente un trabajo, el cual le daba tiempo suficiente para embriagarse cuatro días a la semana, consiguió la nacionalidad casándose con “Linda” una señora viuda de los suburbios, estuvo con ella casi tres años, hasta que murió, gracias a esa relación tuvo varias amistades, con los que aun tiene contacto.
-Como te decía, vamos al casino de un amigo, está cerca de la frontera, falta poco, pero antes iremos a un motel, a que te des una ducha y compres algo de ropa, con esa pinta no pasaras del portón y a mí me pondrán en la lista negra por traer a alguien sin dinero -Gastón detuvo la camioneta y apago la radio, su mirada era dura… -por cierto, ¿Tienes efectivo?
-Sí, tengo algunos ahorros en mi maletín, los de toda mi vida.
Sin decir más estuvimos doce horas en carretera, nos quedamos en el motel “Quinta Inn”, pasamos ahí la noche, en la mañana buscamos una tienda de ropa; compre algunas playeras, calcetines, ropa interior y un pantalón de pana café. Hablamos poco, cuando preguntaba por mi historia, me limitaba decir – es largo de explicar-.
Estábamos cerca de la frontera, cuando le mencione que no contaba con visa, a lo cual Gastón soltó una gran carcajada, a los pocos metros se desvió hacia la izquierda, un camino que levantaba considerable cantidad de tierra, así durante una hora, a lo lejos se veía un edificio alargado color blanco, el sol le daba un brillo extraño, en medio del desierto, llegue a pensar que era un espejismo muy elaborado.
Casi en la entrada dos hombres nos impidieron el paso, Gastón mostro una tarjeta que tenía en el maletero, preguntaron quien era yo, a lo que Gastón respondió - Un amigo, es de confianza-.
Entramos, después de un pequeño jardín estaba la recepción, Gastón pidió dos habitaciones “como las de siempre”, estaba algo confundido pero preferí dejarme llevar. Tenía la habitación doscientos quince, ahí el tipo del traje barato se separo de mí, antes de entrar al elevador me grito: -Nos vemos en el casino-, haciendo un ademan de despedida con la mano, sin siquiera verme.
Vi mi llave en la mesa de la recepción y aun botones con mi maleta. Ya en el segundo piso, había dos pasillos alargados, el botones me indico a la derecha, lo seguí mientras observaba las imitaciones de pinturas famosas que estaban en las paredes, me hicieron entrar en recuerdos que intentaba evitar desde la semana pasada, lo cual me hizo chocar con el adolecente, vire mi rostro hacia la derecha y ahí estaba el número doscientos quince en letras doradas, introduje la llave, una brisa seca llego de golpe a mis pulmones.
Dormí casi todo el día, pase muchos días durmiendo en mi carcacha roja, la cama del motel era dura y de olores raros, después de tanto tiempo, pude dormir en una buena cama. No desperté hasta el día siguiente y no me levante más que para pedir comida al cuarto en dos días más. En el tercero, a las seis estaba ya en la puerta del casino, con los bolsos llenos de cambio.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Tuve una pesadilla.
Tenías aprisionadas con ambas manos las medias sujetas a mis muslos. Era un cuarto, que lo pensaba oscuro, su baja temperatura contrastaba con el calor de nuestros cuerpos, los dos en un principio de negro sobre sabanas blancas, después carne sobre perla. Mi cuerpo te necesitaba, nunca vi tu rostro, no importa, ya me aprendí tus gestos, mis piernas con nuevas texturas abiertas, abrazándote fuerte, empujándote. Sentía tu piel blanca, dura, joven; tus piernas temblaban y tu torso intenta el ángulo adecuado para empezar la faena.
No hay sonido alguno, al menos no en mi recuerdo, es una escena muda con calibrados sentidos que me describían sin tener que estar allí, me llenaba de la mezcla de aromas a cigarrillo, sudor y calentura que tu piel expedía; Tener el sabor de tu boca, de tu lenga un sabor a alcohol, lujuria, que se junta con mi saliva, observar como tus manos tocan repetidamente mi entrepierna y como las mías con impotencia estaban impedidas por el temor de no saber que hacer, no soy primeriza pero el tenerte tan cerca, el saber que mis lentes son empañados por tu aliento, eriza mis vellos.
No había nadie más que nosotros, rodeados por una red humosa de las pasiones que se apoderaban hasta consumirnos, sabía el contexto del sueño, que día era, el por que de mi vestimenta; de la falda que durante la noche intentaste a toda costa levantar, la camisa que mostraba un pecho en el que aun rebotaban viejos gritos de amantes enterrados.
Tus movimientos que me hundían mas a la cama, el ver tus dientes ante un rugido en silencio, tus venas brotar… al cerrar los ojos para poder dar el último aliento mientras distingo el tronar de las medias hace que me despierte asustada ¿Por qué? La confusión entra en mi, me taclea, me atraviesa, ya no se si esto fue un maravilloso sueño o el inicio del infierno.
sábado, 9 de octubre de 2010
en donde no te encuentro
Hay verdades que estrangulan tu conciencia que se acobardan al verla tan cerca y aunque sabes que son inevitables las evades con tal de no enfrentarlas, así es mi relación contigo, quiero que sea real, creo que tu no la dejas, quiero correr y liberarme de ti, de tus ataduras que solo me hacen caer, junto a ti claro.
Déjame ahora ser libre o déjate ser libre yo estar, feliz por ti... me importas mas tu ahora, te sueño entre mi regazo y quisiera tenerte, no para retenerte solo para comerte en un infinito placer, saborearnos y que se impregne no me ames solo tenme .... en una verdad que sabemos que no existe.
Déjame ahora ser libre o déjate ser libre yo estar, feliz por ti... me importas mas tu ahora, te sueño entre mi regazo y quisiera tenerte, no para retenerte solo para comerte en un infinito placer, saborearnos y que se impregne no me ames solo tenme .... en una verdad que sabemos que no existe.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Un horrible sueño
¡Bum!, provenía de atrás, gente gritando, caos, un tiron…
-Suelta mi mano sepárate de mí, ¡Olivia corre!
Rubén en el suelo, una mancha roja en su hombro izquierdo sus ojos gritaban miedo, entre groserías jale su peso hacia un callejón – SUELTAME!-. Trate de limpiar lo que emanaba de su herida, lloraba pensando en que pronto nos encontrarían. Nunca vi la puerta, hasta que dos chicos me empujaron hacia ella y otros 3 cargaron a Rubén, estábamos en una tienda, había un grupo de gente, muchos con heridas, olía a perfume…
Lo dejaron en una esquina en el suelo, respirando cada vez mas golpeado y lento lo tome por la espalda – Rubén, Rubén, RESPONDE- escuche murmullos - shhh, si no te callas, los sacamos-. Percibí como su piel era mas fría sus movimientos rígidos, lo sacudí y el solo me miraba, su ojos se volvían gelatina, de su boca salían sonidos ahogados, sentía la sangre en mi cara, la unica palabra que escuche fue un raspado perdón, le cayeron algunas lagrimas en su playera entre tierra y sangre aun estaban esas palabras subversivas, levante la vista al techo, salio un quejido no se si de el o de mi.
Muchos golpes me arrancaron el llanto, sentí un miedo tan intenso que mi piel parecía la de un gato apunto de brincar, mire hacia la cortina metálica, muchos pies tapaban la luz que entraba abajo, mas golpes y gritos, pedían entrar, mire a mi alrededor pero nadie se movía solo miraban hacia abajo, una chica de grandes lentes y peinado asimétrico clavo su mirada y dijo – Ellos o nosotros- asintió el grupo a mi alrededor, abrace mas a eso que estaba dejando de ser mi amigo sentí sus latidos pesados, pero aun fuertes, le dije que lo amaba, que se pondría bien, aun faltaba mucho y no podía dejarme. Faltaba ver a sus hijos mimados por mi, nuestras maestrias, faltaba contar nuestras canas hablando de nuestras ilusiones y de cómo la juventud de ahora era apática y sin sentido, enojarnos cuando nos digan señor ,justificar nuestro peso, envejecer, el logro sonreír, sus dientes manchados de rojo y su aliento a carne muerta llevo a mi cuerpo a un golpe eléctrico, lo único que sentía en mis piernas era un frío intenso.
El miedo ataco mi razón me dio un ataque de asma como nunca tuve en mi vida, temblaba, salían palabras sin terminar, me ahogaba, trate de calmarme Rubén temblaba al verme, sentí la mano pesada de alguien, una mujer me golpeo solo vi su vientre, mi cara caliente e hinchada, ella se sentó a mi costado derecho como un padre vigilando que su hijo terminara la tarea.
Aun había gente intentando entrar, un grito de mando dio un silencio tan pesado como el gas que entraba por abajo de la cortina, mas gente gritaba, veía como se empujaban, disparos de una ametralladora inauguraron los ruidos de muchas mas armas que dirigían sus bocas hacia nosotros protegí con mi cuerpo a Rubén quien había dejado de moverse, pero no de respirar, escuche como las balas rebotaban por el cuarto, vi morir a la chica de peinado asimétrico por una bala, justo en medio de los ojos, su cuerpo callo, aun me miraba y vi como la vida se le escapaba por la boca, afuera se escucho la retirada marcial silencio, frío… quien diría, que moriría primero.
-Suelta mi mano sepárate de mí, ¡Olivia corre!
Rubén en el suelo, una mancha roja en su hombro izquierdo sus ojos gritaban miedo, entre groserías jale su peso hacia un callejón – SUELTAME!-. Trate de limpiar lo que emanaba de su herida, lloraba pensando en que pronto nos encontrarían. Nunca vi la puerta, hasta que dos chicos me empujaron hacia ella y otros 3 cargaron a Rubén, estábamos en una tienda, había un grupo de gente, muchos con heridas, olía a perfume…
Lo dejaron en una esquina en el suelo, respirando cada vez mas golpeado y lento lo tome por la espalda – Rubén, Rubén, RESPONDE- escuche murmullos - shhh, si no te callas, los sacamos-. Percibí como su piel era mas fría sus movimientos rígidos, lo sacudí y el solo me miraba, su ojos se volvían gelatina, de su boca salían sonidos ahogados, sentía la sangre en mi cara, la unica palabra que escuche fue un raspado perdón, le cayeron algunas lagrimas en su playera entre tierra y sangre aun estaban esas palabras subversivas, levante la vista al techo, salio un quejido no se si de el o de mi.
Muchos golpes me arrancaron el llanto, sentí un miedo tan intenso que mi piel parecía la de un gato apunto de brincar, mire hacia la cortina metálica, muchos pies tapaban la luz que entraba abajo, mas golpes y gritos, pedían entrar, mire a mi alrededor pero nadie se movía solo miraban hacia abajo, una chica de grandes lentes y peinado asimétrico clavo su mirada y dijo – Ellos o nosotros- asintió el grupo a mi alrededor, abrace mas a eso que estaba dejando de ser mi amigo sentí sus latidos pesados, pero aun fuertes, le dije que lo amaba, que se pondría bien, aun faltaba mucho y no podía dejarme. Faltaba ver a sus hijos mimados por mi, nuestras maestrias, faltaba contar nuestras canas hablando de nuestras ilusiones y de cómo la juventud de ahora era apática y sin sentido, enojarnos cuando nos digan señor ,justificar nuestro peso, envejecer, el logro sonreír, sus dientes manchados de rojo y su aliento a carne muerta llevo a mi cuerpo a un golpe eléctrico, lo único que sentía en mis piernas era un frío intenso.
El miedo ataco mi razón me dio un ataque de asma como nunca tuve en mi vida, temblaba, salían palabras sin terminar, me ahogaba, trate de calmarme Rubén temblaba al verme, sentí la mano pesada de alguien, una mujer me golpeo solo vi su vientre, mi cara caliente e hinchada, ella se sentó a mi costado derecho como un padre vigilando que su hijo terminara la tarea.
Aun había gente intentando entrar, un grito de mando dio un silencio tan pesado como el gas que entraba por abajo de la cortina, mas gente gritaba, veía como se empujaban, disparos de una ametralladora inauguraron los ruidos de muchas mas armas que dirigían sus bocas hacia nosotros protegí con mi cuerpo a Rubén quien había dejado de moverse, pero no de respirar, escuche como las balas rebotaban por el cuarto, vi morir a la chica de peinado asimétrico por una bala, justo en medio de los ojos, su cuerpo callo, aun me miraba y vi como la vida se le escapaba por la boca, afuera se escucho la retirada marcial silencio, frío… quien diría, que moriría primero.
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