Le quito la ropa, no opone resistencia el hombre hediondo, es más, con una de sus manos busca entre mi cuerpo la entrepierna, ya con el pecho descubierto no resisto deslizar mi lengua en medio de su pecho, mi saliva deja una marca de pequeñas chispas plateadas, marca mi camino a seguir .Ya encima del él, sintiendo su sexo fuerte, apretando mis nalgas, uno mis manos alrededor de la boquilla [De la botella de ron], levanto mis brazos lo más alto que puedo, abro al máximo mis parpados y con un movimiento vehemente, clavo en medio de su pecho y lo giro, los ojos del vagabundo se abren sorprendidos, su boca muestra unos dientes amarillentos, repito la acción una, dos, cinco, nueve, mi rostro se empapa de sangre fresca, diez, trece, quince, el tipo se deja de mover , veo como su mirada se torna opaca y dura, sigo clavando, deseosa de escuchar sus costillas romper ¡Crash! Como aquel día en el salón de clases, como aquel día en el campamento, donde ame por primera vez un cuerpo, donde vi ese pequeño corazón desistir de latir.
lunes, 24 de octubre de 2011
domingo, 23 de octubre de 2011
Un viente.
Las pedas son cada vez más caras y las crudas largas,
la gente se vuelve aburrida, las miradas lujuriosas ya no tienen efecto.
Los cigarrillos son ceniza, su humo quema los ojos.
Notas musicales monótonas, mis tímpanos se secaron.
Poca locura, más conciencia, falsedad, desinterés.
Murmullos, lenguas en "V", piel escamosa.
¿Cambio? que va, esto es lo mismo,
Solo que mucho, mucho más retorcido.
Una película porno pero con poco presupuesto.
Sabanas mullidas, siempre vacías.
Cuerpos juntos, solo que fríos.
La soledad pesa, el tiempo llega.
Shhhhh.
la gente se vuelve aburrida, las miradas lujuriosas ya no tienen efecto.
Los cigarrillos son ceniza, su humo quema los ojos.
Notas musicales monótonas, mis tímpanos se secaron.
Poca locura, más conciencia, falsedad, desinterés.
Murmullos, lenguas en "V", piel escamosa.
¿Cambio? que va, esto es lo mismo,
Solo que mucho, mucho más retorcido.
Una película porno pero con poco presupuesto.
Sabanas mullidas, siempre vacías.
Cuerpos juntos, solo que fríos.
La soledad pesa, el tiempo llega.
Shhhhh.
domingo, 16 de octubre de 2011
Lucía en el país de los "mireyes"
No hubo motivación o interés. Fue el conejo blanco el que me empujaba a su agujero, una mancha oscura en la ciudad...$95 de cover para entrar.
Había muchos frascos de vidrio que decían bebeme pero en diferentes presentaciones: " Vodka" Whisky" "Tequila" y "Ron" servidos por un sombrerero loco amarrado a un mandil con la marca de una cervecería y un chaleco negro brilloso.
El gato rison transformado en burdas pantallas de plasma, sus dientes fueron modificados como tipografía rosada con un mensaje que se repetía en cada pantalla "ale: eres lo mejor para mi, te amo un CH. atte Jorge" diferentes nombres, misma meta.
Pequeñas luces llenan mi cuerpo, puntos que blancos y rojos, soy la rosa a la que pequeños naipes luchan por pintar. De una maquina sale humo que huele a ficción, pequeños monstruos semejantes a los momerats mataron al caballito mecedora y a las mariposas panque, son el ingrediente secreto de las "perlas nergas"
No llevo puesto un vestido azul, se transformo en un entallado vestido negro, improvisado como playera, mi cabello no es rubio tanto refresco de cola caduco me cambio el color.
Se escucha un "cortenle la cabeza" a lo lejos, es la reina de corazones en la entrada, fue rebajada a cadenera por la corte del rey.
En vez de un hongo que me haga crecer, hay un vaso con Captain Morgan mal servido, una pequeña oruga se aleja del área de fumadores para preguntarme: ¿Quién eres tú?
Mis labios titubeantes responden: no lo sé
Veo al conejo blanco, con una camisa desabotonada mostrando un rosario de madera; en una mano el reloj marca la una de la mañana, esta junto a mi bailando al ritmo de los bits de una mezcla de alguna canción de "Empire of the sun". Baila, me tira el trago en el pecho se acerca para besarme pero antes gesticula: Eres mi lobuki.
Despierto, hay una marca en mi brazo derecho con las iniciales M. R. Ojala no vuelva a ese lugar.
Había muchos frascos de vidrio que decían bebeme pero en diferentes presentaciones: " Vodka" Whisky" "Tequila" y "Ron" servidos por un sombrerero loco amarrado a un mandil con la marca de una cervecería y un chaleco negro brilloso.
El gato rison transformado en burdas pantallas de plasma, sus dientes fueron modificados como tipografía rosada con un mensaje que se repetía en cada pantalla "ale: eres lo mejor para mi, te amo un CH. atte Jorge" diferentes nombres, misma meta.
Pequeñas luces llenan mi cuerpo, puntos que blancos y rojos, soy la rosa a la que pequeños naipes luchan por pintar. De una maquina sale humo que huele a ficción, pequeños monstruos semejantes a los momerats mataron al caballito mecedora y a las mariposas panque, son el ingrediente secreto de las "perlas nergas"
No llevo puesto un vestido azul, se transformo en un entallado vestido negro, improvisado como playera, mi cabello no es rubio tanto refresco de cola caduco me cambio el color.
Se escucha un "cortenle la cabeza" a lo lejos, es la reina de corazones en la entrada, fue rebajada a cadenera por la corte del rey.
En vez de un hongo que me haga crecer, hay un vaso con Captain Morgan mal servido, una pequeña oruga se aleja del área de fumadores para preguntarme: ¿Quién eres tú?
Mis labios titubeantes responden: no lo sé
Veo al conejo blanco, con una camisa desabotonada mostrando un rosario de madera; en una mano el reloj marca la una de la mañana, esta junto a mi bailando al ritmo de los bits de una mezcla de alguna canción de "Empire of the sun". Baila, me tira el trago en el pecho se acerca para besarme pero antes gesticula: Eres mi lobuki.
Despierto, hay una marca en mi brazo derecho con las iniciales M. R. Ojala no vuelva a ese lugar.
lunes, 3 de octubre de 2011
Miedo, yo no puedo.
Odio sentir tu amor, me mueve, me cambia.
Te quiero.... pero, pero, pero... siempre un pero.
¿Hay que correr el riesgo?
No tengo miedo por mi, si no por ti.
Ya no quiero más puntos suspensivos en nuestra historia.
Te quiero, pero tu más y ese es el problema, tu querer se desborda, de eso no puede vivir una pareja, de eso no se trata, es una felicidad falsa, aunque sea los los mejores segundos. Hay energía pero es negativa.
Me gusta meter tus ojos en mis cuencas y verme, lo amo, lo deseo, pero te entrego unos ojos gastados, llenos de sangre, te dejo ciego, perdón ya no más.
Quiero tu sonrisa, no ver mi nombre entre tus dientes.
Amo como me proyectas, como me tocas, solo que no me gusta como soy cuando estoy a tu lado, me vuelvo un ser despreciable, egoísta y mundano. No serás un fantasma, ya comienzas a morir, no quiero más culpas.
No soy tu persona.
Te quiero.... pero, pero, pero... siempre un pero.
¿Hay que correr el riesgo?
No tengo miedo por mi, si no por ti.
Ya no quiero más puntos suspensivos en nuestra historia.
Te quiero, pero tu más y ese es el problema, tu querer se desborda, de eso no puede vivir una pareja, de eso no se trata, es una felicidad falsa, aunque sea los los mejores segundos. Hay energía pero es negativa.
Me gusta meter tus ojos en mis cuencas y verme, lo amo, lo deseo, pero te entrego unos ojos gastados, llenos de sangre, te dejo ciego, perdón ya no más.
Quiero tu sonrisa, no ver mi nombre entre tus dientes.
Amo como me proyectas, como me tocas, solo que no me gusta como soy cuando estoy a tu lado, me vuelvo un ser despreciable, egoísta y mundano. No serás un fantasma, ya comienzas a morir, no quiero más culpas.
No soy tu persona.
jueves, 29 de septiembre de 2011
La muerte es para los vivos
No me gusta sobre-vivir de recuerdos, no me gusta llorar en las noches por fantasmas del pasado.Soy de las que se queda callada y no duerme por las noches, cada minuto es una lagrima guardada.
Salir de mi casa aveces me cuesta trabajo, quisiera detener el tiempo, pero a el no le importa lo que piense, sigue y con cada minuto transcurrido, agradezco que mi deseo no sea cumplido.
Que buen sexo me hubiera perdido, ver mis dientes pudriéndose por cada cigarrillo consumido es un placer que no me cansaría de admirar.
No sé bailar, contonearme sin ritmo es lo que mejor se hacer.
-¡Hola!- le dije con armonía al oído.
-Eres mía, digas lo que digas- asevero apretándome la cintura.
-Lo seré, pero ahora déjame engañarte-
-Anda, ve libre, aquí te espero... termina de jugar-
...
Deje mis labios marcados en su tarso pómulo izquierdo.
-Tengo poco tiempo, asómate a mi entrepierna... ¿Como dices que te llamas?
-Hades...
Salir de mi casa aveces me cuesta trabajo, quisiera detener el tiempo, pero a el no le importa lo que piense, sigue y con cada minuto transcurrido, agradezco que mi deseo no sea cumplido.
Que buen sexo me hubiera perdido, ver mis dientes pudriéndose por cada cigarrillo consumido es un placer que no me cansaría de admirar.
No sé bailar, contonearme sin ritmo es lo que mejor se hacer.
-¡Hola!- le dije con armonía al oído.
-Eres mía, digas lo que digas- asevero apretándome la cintura.
-Lo seré, pero ahora déjame engañarte-
-Anda, ve libre, aquí te espero... termina de jugar-
...
Deje mis labios marcados en su tarso pómulo izquierdo.
-Tengo poco tiempo, asómate a mi entrepierna... ¿Como dices que te llamas?
-Hades...
miércoles, 28 de septiembre de 2011
Lucio/Lucía
Es un prenombre romano, muy frecuente en la época clásica, sobre todo en su forma masculina (Lucio). Está emparentado con la palabra latina lucem, que significa luz y que instintivamente relacionamos con el verbo lucir.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Triple siete (parte 1)
Entre pasillos bien alumbrados, pisos alfombrados con formas geométricas de color rojo en fondo beige, ante la puerta de mi habitación frente al número doscientos quince, donde el dorado había perdido brillo, ahí, saque el arma.
Hace dos semanas agarre mi destartalado automóvil, en dirección a… algún lugar. Empaque botellas de alcohol, cerca de veinticinco cajetillas de cigarrillos, dos cajas de aspirinas y una sombrilla, quizás llueva.
Manejaba borracho, dormía entre vomito, mi cuerpo temblaba cada mañana, en el quinto día aparque el armatoste en una fonda de paso, una camarera grasosa con mucho maquillaje se acerco con una sonrisa llena de asco, antes de atenderme, me advirtió que no recibiría la orden hasta demostrarle que tenia capital para consumir, de mi billetera tire un cien al adoquinado…
Toda la comida me supo a vomito rancio, pero el café logro despertarme, sin darme cuenta hablaba con un hombre, o bueno, el hablaba conmigo.
Mis dedos sostenían un tabaco, el humo lastimaba mis ojos, pero solo así, podía mantenerme sentado sin vomitar. Quería irme, el hombre balbuceaba, su aliento era peor que el mío, vestía un traje barato color verde, era viejo, había varías manchas en su pantalón, este le quedaba tan zancón que podía ver sus calcetines negros con rombos blancos, llevaba una camisa amarillenta y una cruz de plata alrededor de su cuello; unas grandes entradas intentando ocultarse tras cabello prestado, su gran papada se columpiaba al final de cada frase. No prestaba cuidado a lo que hablaba, pero gozaba observar la mancha oscura en su incisivo izquierdo, pasado algún tiempo, cerró la boca, sentí su mirada esperando una respuesta a una pregunta sorda.
-¿Qué dices mano?
-Ammmm…- Me sentía tan desubicado, preste tan poca atención, que apenas reconocí el tono de su voz, asentí dudoso con la cabeza.
-Vientos, ¿Salimos ahora? Nos iremos en mi camioneta, deja tu chatarra o no te dejaran entrar, me llamo Gastón, ¿Tu eres?...
Me siguió hasta el auto, ayudo con mi maleta, antes de dejar las llaves puestas revise minuciosamente entre la suciedad: encontré varias monedas, fotografías rotas, botellas, latas, tres destapadores y dos encendedores, abrí el maletero, saque mi Walther 22 y una pequeña maleta, con todos mis papeles.
Gastón me esperaba, ya sentado en su silverado color plata, camine lento, justo con el sol saliendo a mi espalda, me di cuenta de que quizás lo que esté haciendo sea un error, pero no tenía mejor lugar a donde ir, al menos el tiene un plan, al menos si muero, no será a manos de un completo desconocido.
El camino fue tortuoso, al menos para mí, la cruda se negaba a pasar, ni siquiera después de media caja de aspirinas, Gastón encendió la radio y no dejo de cantar country, me conto que vivió quince años en Texas, se fue de mojado a los veintidós, dejando a su mujer en el estado de México con dos hijas, al llegar a los Estados Unidos, olvido por completo el poco amor que le tuvo, encontró fácilmente un trabajo, el cual le daba tiempo suficiente para embriagarse cuatro días a la semana, consiguió la nacionalidad casándose con “Linda” una señora viuda de los suburbios, estuvo con ella casi tres años, hasta que murió, gracias a esa relación tuvo varias amistades, con los que aun tiene contacto.
-Como te decía, vamos al casino de un amigo, está cerca de la frontera, falta poco, pero antes iremos a un motel, a que te des una ducha y compres algo de ropa, con esa pinta no pasaras del portón y a mí me pondrán en la lista negra por traer a alguien sin dinero -Gastón detuvo la camioneta y apago la radio, su mirada era dura… -por cierto, ¿Tienes efectivo?
-Sí, tengo algunos ahorros en mi maletín, los de toda mi vida.
Sin decir más estuvimos doce horas en carretera, nos quedamos en el motel “Quinta Inn”, pasamos ahí la noche, en la mañana buscamos una tienda de ropa; compre algunas playeras, calcetines, ropa interior y un pantalón de pana café. Hablamos poco, cuando preguntaba por mi historia, me limitaba decir – es largo de explicar-.
Estábamos cerca de la frontera, cuando le mencione que no contaba con visa, a lo cual Gastón soltó una gran carcajada, a los pocos metros se desvió hacia la izquierda, un camino que levantaba considerable cantidad de tierra, así durante una hora, a lo lejos se veía un edificio alargado color blanco, el sol le daba un brillo extraño, en medio del desierto, llegue a pensar que era un espejismo muy elaborado.
Casi en la entrada dos hombres nos impidieron el paso, Gastón mostro una tarjeta que tenía en el maletero, preguntaron quien era yo, a lo que Gastón respondió - Un amigo, es de confianza-.
Entramos, después de un pequeño jardín estaba la recepción, Gastón pidió dos habitaciones “como las de siempre”, estaba algo confundido pero preferí dejarme llevar. Tenía la habitación doscientos quince, ahí el tipo del traje barato se separo de mí, antes de entrar al elevador me grito: -Nos vemos en el casino-, haciendo un ademan de despedida con la mano, sin siquiera verme.
Vi mi llave en la mesa de la recepción y aun botones con mi maleta. Ya en el segundo piso, había dos pasillos alargados, el botones me indico a la derecha, lo seguí mientras observaba las imitaciones de pinturas famosas que estaban en las paredes, me hicieron entrar en recuerdos que intentaba evitar desde la semana pasada, lo cual me hizo chocar con el adolecente, vire mi rostro hacia la derecha y ahí estaba el número doscientos quince en letras doradas, introduje la llave, una brisa seca llego de golpe a mis pulmones.
Dormí casi todo el día, pase muchos días durmiendo en mi carcacha roja, la cama del motel era dura y de olores raros, después de tanto tiempo, pude dormir en una buena cama. No desperté hasta el día siguiente y no me levante más que para pedir comida al cuarto en dos días más. En el tercero, a las seis estaba ya en la puerta del casino, con los bolsos llenos de cambio.
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